LISIADO.


Presidente “lisiado”

JESúS CANTú
PROCESO. 14 julio 2009.

La nueva composición que la Cámara de Diputados tendrá a partir del próximo 1 de septiembre, producto del resultado electoral del domingo 5, convirtió al presidente Felipe Calderón en un “pato lisiado” (equivalente de la expresión lame duck, tan común en idioma inglés cuando se quiere significar que un gobernante quedó atrapado por las fuerzas opositoras): sin capacidad de veto en relación con el presupuesto federal y frente a una mayoría opositora consolidada, que ya empieza a hacer sentir su fuerza al establecer que no avalará ningún aumento de impuestos y amenaza con fijarle reglas, claras y concretas, para atender la emergencia económica, estrechando así el margen de maniobra del Ejecutivo e introduciendo elementos que, eventualmente, ensancharán las diferencias entre los actores.
Sin embargo, éste no es el único ámbito en el que la debilidad del Ejecutivo federal se manifestará, pues al menos son tres los más vulnerables: éste, es decir, el de las relaciones entre los tres poderes de la Unión, donde se mantienen básicamente las mismas reglas del régimen autoritario; el de las relaciones con los gobiernos de las entidades federativas, donde el sui generis federalismo mexicano produce resultados ambivalentes, y el de los poderes fácticos, que han aprovechado el desmoronamiento del presidencialismo metaconstitucional para ampliar sus privilegios y multiplicar su presencia en la vida nacional.
Estas expresiones tienen consecuencias e impactos sobre el grueso de la población (que permanece al margen de la oligarquía gobernante) y, particularmente, sobre los grupos más vulnerables, con los consiguientes riesgos para la estabilidad nacional, ante las eventuales reacciones desesperadas de quien nada tiene que perder.
La semilla de la ingobernabilidad se sembró desde 1997, precisamente cuando el PRI perdió la mayoría en la Cámara de Diputados, y algunas de sus expresiones ya están presentes, pero el riesgo de que exploten se acrecienta ahora que el anterior controlador se encuentra en su momento de máxima debilidad. La situación expresa plásticamente las catastróficas consecuencias que puede provocar el haber demorado la reforma del Estado, pues hoy se carece de instancias que puedan propiciar la interlocución y el diálogo que permita construir la nueva institucionalidad.
En las tres últimas elecciones intermedias el partido en el gobierno se debilitó y esa debilidad se fue agravando sucesivamente, hasta llegar a la situación actual. Sin embargo, los actores –particularmente los que están en el poder o tienen posibilidades de conquistarlo– se niegan a revisar las bases y las reglas, porque todos sueñan con recuperar algún día la hegemonía del presidencialismo metaconstitucional y usufructuarla.
Las elecciones intermedias, en todo régimen presidencial, se convierten, casi inevitablemente, en un plebiscito sobre la gestión del Ejecutivo federal, lo cual en sí mismo no es malo, salvo cuando el período restante es muy largo y la renovación de una de las cámaras o del Congreso es total y el resultado es desfavorable para el partido gobernante.
Y eso es precisamente lo que sucede en México: un período presidencial de seis años y la renovación total de la Cámara de Diputados justo a la mitad del período, lo cual –cuando los resultados son desfavorables– deja, como en este caso, larguísimos tres años de “pato lisiado”. Este riesgo no existía durante el régimen de partido hegemónico, pues a la mitad del sexenio era precisamente cuando el presidente se encontraba en su momento de máximo poder. Basta recordar cómo, en las elecciones de 1991, Carlos Salinas de Gortari logró consolidar su fuerza en dicha Cámara a partir de los resultados electorales de la elección intermedia.
Aunque las diferencias entre el Ejecutivo y el Legislativo empezaron desde el gobierno de Zedillo, particularmente en torno a la información del Fobaproa, éstas se resolvieron por las vías institucionales y no tuvieron mayor impacto sobre las responsabilidades de cada uno. Pero se agudizaron en el gobierno de Fox, cuando le negaron dos veces el permiso para viajar al extranjero, o en el presupuesto de 2005, que finalmente se resolvió por la vía de una controversia constitucional.
En este sexenio, las relaciones eran menos tensas e, incluso, se lograron sacar reformas controvertidas, como la petrolera, casi por consenso; pero en la víspera de las campañas electorales el ambiente se enrareció, particularmente en torno a las reformas en materia de seguridad. Sin embargo, la gran diferencia era que ninguna de las fuerzas políticas contaba con una mayoría consolidada y el grupo parlamentario panista era la primera minoría en ambas cámaras.
Pero a partir del 1 de septiembre la correlación cambiará diametralmente y, en ese sentido, el PRI y el PVEM, pero particularmente el primero, buscarán imponer condiciones, y en lo referente al gasto y al presupuesto de egresos cuentan con los elementos para sacar adelante sus propuestas, como la descentralización del ejercicio del gasto social o la definición de la distribución territorial de la inversión pública federal.
Sin embargo, esta nueva mayoría debe recordar que el partido del presidente todavía es primera minoría en el Senado y, por esa vía, puede sostener los vetos presidenciales en asuntos que tienen que pasar por las dos cámaras. En este sentido propuestas como la de eliminar el Impuesto Empresarial de Tasa Única  (IETU) son inviables, aunque pueden ser políticamente muy rentables pues, en el caso de que lo intentaran, seguramente obligarán a que el presidente vete la reforma y que sea el grupo de 52 senadores panistas los que sostengan dicho veto, impidiendo la configuración de las dos terceras partes necesarias para rechazar las observaciones presidenciales, es decir, todo el peso político sobre las espaldas de Calderón y el PAN. Y ésta puede ser una historia recurrente, con temas políticamente muy populares (como el de la pena de muerte propuesta por el PVEM, aunque ésta seguramente contaría con la oposición del PRD, PT y Convergencia, o sus vales para medicinas y becas para educación).
Así, básicamente las opciones son tres: una, se logra lo que hasta hoy no ha sido posible, es decir, un diálogo productivo y cooperativo entre las distintas fuerzas políticas para lograr, en los hechos, que los pesos y contrapesos se traduzcan en un mejor gobierno; dos, las diferencias, particularmente entre Ejecutivo y Legislativo, agudizan la parálisis gubernamental; y, tres, el Legislativo captura al Ejecutivo y éste acepta las condiciones que imponga la nueva mayoría legislativa.
En el segundo ámbito los riesgos ya han dejado sentir dos de sus posibles manifestaciones y ambas son negativas: una, los enfrentamientos que pueden surgir entre autoridades federales y estatales o municipales, particularmente a partir de las acciones de combate al crimen organizado (pero también al enfrentar algunas crisis, como en la lamentable tragedia de la guardería en Hermosillo), que llevó al gobernador de Michoacán a protestar por la intromisión federal en el mismo palacio de gobierno o que, en Nuevo León, provocó que policías municipales se confrontaran con los federales, cada grupo blandiendo sus armas; y dos, la existencia de entidades donde prevalecen las expresiones más primitivas del autoritarismo con absoluta impunidad para sus gobernadores, como el caso de Ulises Ruiz, en Oaxaca; Mario Marín, en Puebla; o, incluso, Enrique Peña Nieto, en el Estado de México, o la red clientelar que construyó el gobernador de Coahuila, Humberto Moreira.
En todos los casos se trata de entidades con ejecutivos emanados de partidos distintos al del presidente, y eso precisamente lo torna más preocupante, pues en unos meses el PAN se quedará únicamente con siete gobernadores y todo el resto (25 entidades) estará en manos de la oposición (19 para el PRI y 6 para el PRD), con los cuales –como es evidente– las relaciones, en términos generales, son de intromisión o de permisividad, tan nocivas una como otra, y ambas implican la vulneración del estado de derecho.
En el tercer ámbito, los dos ejemplos más significativos de la irrupción de los poderes fácticos son: el duopolio televisivo, entre los legales; y el crimen organizado, particularmente el narcotráfico, entre los ilegales. Particularmente los legales aprovecharán que ahora tendrán dos interlocutores con poder muy similar para mantener y ensanchar sus privilegios; la posibilidad de que se concrete la tan anhelada reforma en la Ley Federal de Radio y Televisión o se integre una legislación moderna en materia de telecomunicaciones, cada día luce más lejana e irreal, pues atenta contra los privilegios del duopolio.
Pero también será muy difícil que se rompa el monopolio del registro de candidaturas a puestos de elección popular, pues no parece fácil que se modifique sustancialmente el nuevo Cofipe (a pesar de todas las limitaciones manifiestas en el actual proceso electoral), ya que la nueva mayoría se dio cuenta de que las reglas actuales le benefician y todavía le beneficiarán más cuando (en octubre del año entrante) sustituyan a los tres consejeros que concluyen su encargo en el Consejo General del IFE, con lo cual consolidarán –todavía más– su control sobre ese órgano. En este caso la mayoría PRI-PVEM disfrutará los beneficios que se construyó el cártel de partidos (PAN, PRI y PRD), dos de cuyos integrantes hoy deben lamentar su miopía.
En este terreno los poderes fácticos seguramente lograrán sostener sus privilegios y consolidar sus conquistas, salvo que Calderón decida apostar su resto y coloque por encima del interés electoral de su partido –que de cualquier forma no le resultó muy favorable– el bienestar nacional y ponga un alto a los monopolios. La lucha contra la delincuencia organizada es un tema que merece análisis aparte.
Más allá de los avances en materia electoral (ya con algunos retrocesos) y el fin del presidencialismo metaconstitucional, con el consiguiente ensanchamiento de los espacios de libertad, la ausencia de una reforma del Estado provocó enormes vacíos que, en lo general, han sido aprovechados por los poderes fácticos y los caciques estatales y regionales.
Los impactos de tres años de “presidencia lisiada” pueden resultar desastrosos para el país y abrir de par en par las puertas para el regreso del régimen autoritario, a no ser que, ante la presencia de esta situación extrema, los actores políticos finalmente se decidan a reconstruir al Estado mexicano y reconfigurar diametralmente el sistema político

A LA VISTA.



Razones
Jorge Fernández Menéndez
El paisaje antes de la batalla
EXCELSIOR.
29-Jun-2009

El próximo domingo, salvo situaciones muy especiales, no nos encontraremos con demasiadas sorpresas, excepto una confirmación de que el sistema de doble representación distorsiona la verdadera presencia de los partidos. Es muy probable que no sea muy amplia la diferencia entre el PRI y el PAN en las elecciones federales para renovar la Cámara de Diputados: se quedará entre los tres y cuatro puntos a favor del tricolor, pero la misma va a ser mucho mayor cuando analicemos el número de diputados, ya que el PRI ganará más distritos y podría tener, finalmente, una diferencia de hasta 70 diputados más que el PAN, aunque obviamente ninguno alcanzará a tener la mayoría absoluta en la Cámara baja, una posibilidad que se podría abrir, solamente, con un fuerte voto para el Partido Verde que permitiera, a su vez, una alianza entre ambos partidos (misma que podría ampliarse en algunos temas, si mantiene el registro, con el PSD). Pero el hecho es que no habrá novedades en la elección federal.

Están mucho más interesantes las elecciones locales, aunque la que se esperaba con mayor competencia, la de Nuevo León, parece, a una semana de los comicios, estar definida: todas las últimas encuestas dan como ganador al priista Rodrigo Medina por encima del panista Fernando Elizondo por un margen, que parece muy difícil de remontar en unos días, de entre seis y diez puntos. De ser así estaríamos ante un fracaso del PAN en ese estado y que no viene de la campaña sino de mucho más lejos: de la falta de renovación de sus cuadros dirigentes y, por lo tanto, no contar con candidatos frescos, que pudieran mostrar algo nuevo; de haber mantenido a un personaje como Adalberto Madero en la presidencia municipal de Monterrey; de haber subestimado la presencia del priismo en el estado y al candidato de ese partido, Rodrigo Medina. Y también, y no es un dato menor, debido a la incontinencia verbal de alguno de sus candidatos (Mauricio Fernández Garza, que como persona es excelente, mas tendrá que reflexionar sobre cuándo y cómo hacer declaraciones públicas respecto al tema de las drogas: van dos elecciones que terminan golpeadas, por declaraciones suyas sumamente desafortunadas). Por el contrario, el PRI trabajó bien, evitó rupturas y aplicó a rajatabla el modelo Peña Nieto, como una suerte de experimento piloto para 2012 y todo indica que tendrá resultados positivos.

La otra cara de ese experimento es Sonora. El incendio de la guardería ABC, con su secuela de 48 muertos y de interminables errores del gobierno estatal, acabó con la cómoda ventaja que llevaba Alfonso Elías Serrano, candidato del PRI, del Verde y (en un dato importante para comprender la alineación de fuerzas) y también por Nueva Alianza. Si EduardoBours hace seis años ganó con apenas 800 votos de diferencia (en una elección que los encuestadores también observaban entonces como con una sólida ventaja para el PRI y que no fue tal) ahora estaremos ante un panorama similar. Habrá que ver si el PAN, con la candidatura de Guillermo Padrés, logra capitalizar los errores del priismo y el desapego del gobernador y del partido local con las fuerzas nacionales del tricolor. Pero nadie puede asegurar hoy cuál será el resultado en Sonora, aunque esa elección se ha convertido en el principal objetivo del blanquiazul.

Otros comicios que serán muy complejos son los de San Luis Potosí. No tendría que haber sido así: la plaza estaba absolutamente asegurada para el PAN, pero al partido en el poder parecen haberlo traicionado, una vez más, sus diferencias internas. El gobernador Marcelo de los Santos (que nunca ha tenido una buena química con el presidente Calderón) no apoyó a uno de sus viejos rivales internos, AlejandroZapata Perogordo y, por el contrario, directa o indirectamente le entregó al PRI un candidato que no tenía: Fernando Toranzo Fernández, que pasó, sin escalas, del gabinete del gobernador panista a la candidatura del PRI, así que las encuestas muestran que la elección será muy cerrada y, después de ella, vendrá una inevitable batalla política, porque las traiciones y los golpes bajos se han dado a la luz del día.

Algo similar, aunque de otra magnitud, está sucediendo en Querétaro. Acción Nacional no tendría por qué padecer problemas para retener la candidatura. Manuel González Valle fue un buen presidente municipal de la capital (donde se concentra el grueso de los votos) y debería ganar por amplio margen. Pero éste se ha ido acortando en forma drástica por la buena campaña del priista, cercanísimo a Manlio Fabio Beltrones, José Calzada, y debido a las divisiones internas en el PAN que, con todo, debería ganar la elección, aun que hoy nadie podría afirmarlo en forma terminante.

No habrá sorpresas en Campeche, donde el candidato del PRI, Fernando Ortega Barnés, tiene una ventaja muy amplia sobre Mario Ávila Lizárraga, que se ha incrementado por múltiples desatinos del panismo local, que no se ha podido recuperar del fallecimiento de Juan Camilo Mouriño. Tampoco las habrá en Colima, pese a que el PRI tiene un candidato muy cuestionado en la persona de Mario Anguiano Moreno, a quien se acusa de relaciones con el narcotráfico, ya que su hermano, Humberto Anguiano, está condenado a diez años de prisión por traficar con metanfetaminas y, su primo, Rafael Anguiano, está preso en Los Ángeles, por venta de drogas. Anguiano fue candidato contra viento y marea, incluso con la implícita desaprobación de Beatriz Paredes, y será difícil que pueda ser alcanzado por la panista Martha Leticia Sosa.

Por lo pronto, habrá que atender casos especiales de denuncias serias contra algunos candidatos en los estados, como la de Héctor Murguía en Chihuahua y la de Eduardo Leyson Castro en Sinaloa, beneficiado éste con más de 25 millones de pesos por el Fobaproa y con un adeudo insoluto de medio millón de dólares con el Eximbank.

Obviamente, ninguno de esos dos partidos alcanzará a tener la mayoría absoluta en San Lázaro.

,

PANORAMA EN LA RECTA FINAL.

Ricardo Alemán
Itinerario Político
EL UNIVERSAL. 28 de junio de 2009
 
PAN: el gran perdedor

A siete días de la elección federal para renovar diputados, no existe duda de que el gran derrotado será el PAN, que caerá del primer lugar de votación en 2006 a un penoso segundo sitio, sobre todo si se toma en cuenta que Acción Nacional detenta el gobierno federal

Perderá un tercio de diputados federales

Tragedia en Nuevo León y milagro en Sonora

A siete días de la elección federal para renovar diputados, no existe duda de que el gran derrotado será el PAN, que caerá del primer lugar de votación en 2006 a un penoso segundo sitio, sobre todo si se toma en cuenta que Acción Nacional detenta el gobierno federal.

Aun así, esa derrota podría ser vista por algunos azules como victoria, ya que según los pronósticos de hace seis meses, el PRI amenazaba con arrasar en las elecciones federales y ganar, incluso, la mayoría calificada.

En realidad el PAN y su dirigente nacional, Germán Martínez, viven un dilema poco grato. Es decir, habrían logrado un importante triunfo al impedir la caída libre que llevaba el PAN hasta finales de 2008 —y que se agudizaría con las crisis sucesivas en 2009—, y evitar que el PRI se fuera a las nubes; aun así los azules despertarán la mañana del 6 de julio como los grandes derrotados.

ERRORES Y HORRORES

Pero acaso la mayor derrota que experimentarán no estará en las elecciones federales —al perder casi un tercio de sus curules en San Lázaro—, sino en el fracaso en las elecciones estatales concurrentes, canasta en la que el jefe nacional azul colocó casi todos los huevos electorales. Y claro, todos saben lo que pasa cuando se colocan todos los huevos en una sola canasta, y cuando la canasta cae.

¿Qué pasó en las seis entidades donde se renovará el gobierno estatal y el PAN decía tener posibilidades reales de triunfo en por lo menos tres de ellas? Poca cosa, que falló la estrategia electoral local, a lo que se sumó una poco clara selección de candidatos. La combinación de candidaturas forzadas, que desplazaron a figuras locales, y campañas locales que desplazaron a las estructuras locales resultó una combinación letal. En realidad el PAN podría ganar —y eso con mucha suerte— sólo el gobierno de Sonora, y podría perder la plaza de San Luis Potosí.

NUEVO LEÓN, TRAGEDIA

Caso emblema de la derrota azul será Nuevo León, en donde Germán Martínez hizo todo lo posible para imponer como candidato azul al gobierno a Fernando Elizondo, el hombre que los poderosos empresarios regios pidieron. Pero desde la imposición del candidato empezó la debacle: no se produjo una obligada operación cicatriz, que partió en dos al candidato y al partido local. El extremo fue cuando Elizondo debió montar un partido “paralelo” para hacer campaña. Luego vinieron escándalos mediáticos que le dieron sabor a la debacle anunciada.

Pero, además, el PRI entendió lo mismo que Germán Martínez; es decir, que Nuevo León es clave para 2012. Por ello volcaron todo el apoyo a esa elección. Resulta que de las tierras mexiquenses no sólo se exportó a Nuevo León la exitosa fórmula del “muñequito de pastel” —el candidato del PRI, Rodrigo Medina, es el Peña Nieto regio—, sino todo el peso político y económico del tricolor. ¿Quién del PRI es el más interesado en que Nuevo León sea tricolor? La respuesta es Enrique Peña Nieto.

SAN LUIS, DIVISIÓN

En San Luis Potosí se vive un proceso electoral kafkiano. Contra los deseos del CEN del PAN —y toda clase de trampas—, la candidatura azul fue ganada por el senador Alejandro Zapata, a la sazón enemigo a muerte del entonces candidato presidencial Felipe Calderón y del gobernador Marcelo de los Santos quien, a su vez, negoció con el PRI la candidatura del que fuera su más cercano colaborador, Fernando Toranzo.

La pelea gravita en torno a las malquerencias del gobernador, el CEN del PAN y hasta de Los Pinos hacia el candidato Zapata quien, por si no bastara, ha sido incapaz de convocar a los grupos rurales locales, negociar con ellos, pactar acuerdos y cuotas, y sumar los votos que lo llevarían al gobierno. La elección será un volado, y el triunfo del candidato que va por las siglas del PAN, un milagro. Sí, porque el otro candidato azul, el que va por las siglas del PRI, tiene todo para ganar.

SONORA, PURA SUERTE

El estado de Sonora debió ser azul desde hace seis años, cuando el hoy gobernador saliente, Eduardo Bours, pactó un apretado triunfo con Vicente Fox. Seis años después, y un cuestionable gobierno, compiten Guillermo Padrés por el PAN contra su primo Alfonso Elías Serrano. Una pelea de familia. La elección era competida, con ventaja para el PRI, hasta que el 5 de junio se produjo la tragedia de la guardería. El golpe fue letal para el PRI y el gobierno de Bours. Sonora finalmente será azul, y los sonorenses se habrán sacudido uno de los peores gobiernos, el de Bours, a quien los azules podrían pisarle una larga cola en los próximos tres años.

En Colima, Campeche y Querétaro están lejos las sorpresas.

PANORAMA EN LA RECTA FINAL.

Ricardo Alemán
Itinerario Político
28 de junio de 2009
       
    Comenta la nota         Comentarios(18)         Lecturas(11698)
PAN: el gran perdedor

A siete días de la elección federal para renovar diputados, no existe duda de que el gran derrotado será el PAN, que caerá del primer lugar de votación en 2006 a un penoso segundo sitio, sobre todo si se toma en cuenta que Acción Nacional detenta el gobierno federal

Perderá un tercio de diputados federales

Tragedia en Nuevo León y milagro en Sonora

A siete días de la elección federal para renovar diputados, no existe duda de que el gran derrotado será el PAN, que caerá del primer lugar de votación en 2006 a un penoso segundo sitio, sobre todo si se toma en cuenta que Acción Nacional detenta el gobierno federal.

Aun así, esa derrota podría ser vista por algunos azules como victoria, ya que según los pronósticos de hace seis meses, el PRI amenazaba con arrasar en las elecciones federales y ganar, incluso, la mayoría calificada.

En realidad el PAN y su dirigente nacional, Germán Martínez, viven un dilema poco grato. Es decir, habrían logrado un importante triunfo al impedir la caída libre que llevaba el PAN hasta finales de 2008 —y que se agudizaría con las crisis sucesivas en 2009—, y evitar que el PRI se fuera a las nubes; aun así los azules despertarán la mañana del 6 de julio como los grandes derrotados.

ERRORES Y HORRORES

Pero acaso la mayor derrota que experimentarán no estará en las elecciones federales —al perder casi un tercio de sus curules en San Lázaro—, sino en el fracaso en las elecciones estatales concurrentes, canasta en la que el jefe nacional azul colocó casi todos los huevos electorales. Y claro, todos saben lo que pasa cuando se colocan todos los huevos en una sola canasta, y cuando la canasta cae.

¿Qué pasó en las seis entidades donde se renovará el gobierno estatal y el PAN decía tener posibilidades reales de triunfo en por lo menos tres de ellas? Poca cosa, que falló la estrategia electoral local, a lo que se sumó una poco clara selección de candidatos. La combinación de candidaturas forzadas, que desplazaron a figuras locales, y campañas locales que desplazaron a las estructuras locales resultó una combinación letal. En realidad el PAN podría ganar —y eso con mucha suerte— sólo el gobierno de Sonora, y podría perder la plaza de San Luis Potosí.

NUEVO LEÓN, TRAGEDIA

Caso emblema de la derrota azul será Nuevo León, en donde Germán Martínez hizo todo lo posible para imponer como candidato azul al gobierno a Fernando Elizondo, el hombre que los poderosos empresarios regios pidieron. Pero desde la imposición del candidato empezó la debacle: no se produjo una obligada operación cicatriz, que partió en dos al candidato y al partido local. El extremo fue cuando Elizondo debió montar un partido “paralelo” para hacer campaña. Luego vinieron escándalos mediáticos que le dieron sabor a la debacle anunciada.

Pero, además, el PRI entendió lo mismo que Germán Martínez; es decir, que Nuevo León es clave para 2012. Por ello volcaron todo el apoyo a esa elección. Resulta que de las tierras mexiquenses no sólo se exportó a Nuevo León la exitosa fórmula del “muñequito de pastel” —el candidato del PRI, Rodrigo Medina, es el Peña Nieto regio—, sino todo el peso político y económico del tricolor. ¿Quién del PRI es el más interesado en que Nuevo León sea tricolor? La respuesta es Enrique Peña Nieto.

SAN LUIS, DIVISIÓN

En San Luis Potosí se vive un proceso electoral kafkiano. Contra los deseos del CEN del PAN —y toda clase de trampas—, la candidatura azul fue ganada por el senador Alejandro Zapata, a la sazón enemigo a muerte del entonces candidato presidencial Felipe Calderón y del gobernador Marcelo de los Santos quien, a su vez, negoció con el PRI la candidatura del que fuera su más cercano colaborador, Fernando Toranzo.

La pelea gravita en torno a las malquerencias del gobernador, el CEN del PAN y hasta de Los Pinos hacia el candidato Zapata quien, por si no bastara, ha sido incapaz de convocar a los grupos rurales locales, negociar con ellos, pactar acuerdos y cuotas, y sumar los votos que lo llevarían al gobierno. La elección será un volado, y el triunfo del candidato que va por las siglas del PAN, un milagro. Sí, porque el otro candidato azul, el que va por las siglas del PRI, tiene todo para ganar.

SONORA, PURA SUERTE

El estado de Sonora debió ser azul desde hace seis años, cuando el hoy gobernador saliente, Eduardo Bours, pactó un apretado triunfo con Vicente Fox. Seis años después, y un cuestionable gobierno, compiten Guillermo Padrés por el PAN contra su primo Alfonso Elías Serrano. Una pelea de familia. La elección era competida, con ventaja para el PRI, hasta que el 5 de junio se produjo la tragedia de la guardería. El golpe fue letal para el PRI y el gobierno de Bours. Sonora finalmente será azul, y los sonorenses se habrán sacudido uno de los peores gobiernos, el de Bours, a quien los azules podrían pisarle una larga cola en los próximos tres años.

En Colima, Campeche y Querétaro están lejos las sorpresas.

DESENCANTO Y CRUCIALIDAD DE LAS ELECCIONES DE 2009

EL EX CONSEJERO PRESIDENTE DEL IFE, JOSE WOLDENBERG NOS PRESENTA LOS ESCENARIOS POSIBLES SOBRE LA COMPOSICION CAMERAL A PARTIR DE LOS RESULTADOS ELECTORALES Y SOBRE LA SITUACION POLITICA DE LAS GUBERNATURAS EN DISPUTA Y SOBRE EL PRD. LEER PDF

BENEFICIOS Y LIMITANTES POLITICOS DE LA COYUNTURA ELECTORAL.


Las elecciones de la gripe

Federico Berrueto

MILENIO.2009-05-03•Al Frente

La guerra por el poder político continúa; con los mismos medios, pero con ajustes. De la peor manera, mediante el pánico, la salud se ha vuelto el tema. El terror en la población hizo abrumador el consenso sobre el actuar de las autoridades. Sobre ese asunto, aquí, ayer, Juan Gabriel Valencia remitía a los sondeos de MILENIO Televisión-GCE en el Distrito Federal y el Estado de México presentados en días pasados. También ocurre en Nuevo León y en el conjunto del país. Frente a lo desconocido o incierto, las personas están dispuestas a desprenderse de mucho, incluso de grandes cuotas de libertad y de deterioro de su vida cotidiana.

No se posponen las elecciones, sí, afortunadamente, las campañas, las que habrán de evitar acarreos, la forma más común de concentraciones. Un ajuste al día de los comicios requeriría de una reforma constitucional fast track, posible, pero justificable sólo ante la catástrofe, la que no se padecerá. El oportunismo encubierto se hace presente ante una elección a dos meses de distancia. Candidatos y partidos, unos más otros menos, buscan capitalizar la circunstancia sin asumir costos. Los golpes bajos también continúan, como los de “analistas” afines al senador Beltrones, que ya la traen contra la dirigencia de su propio partido.

La guerra sigue porque la vida continúa. La sacudida por la influenza humana será más que un paréntesis. Habrá un antes y un después. ¿A quién beneficia o perjudica la modificación del entorno? En el corto plazo ganan quienes gobiernan. La coyuntura ofrece condiciones excepcionales de visibilidad, liderazgo y presencia mediática al Presidente, a los gobernadores y al jefe de Gobierno del DF. Aunque ya está en la Constitución, no importa la reforma que Beltrones promovió (con la complicidad de algunos del PRD y la complacencia de los del PAN) para evitar que Enrique Peña Nieto, Marcelo Ebrard, Fidel Herrera, Natividad González Parás pudieran tener existencia televisiva. En estos momentos la aprobación de los mandatarios está por las nubes. ¿Se proyectará a sus propios partidos y candidatos? Es probable.

Al momento, las mediciones de las preferencias no registran cambios; lo importante será lo que suceda en el ámbito local y la capacidad de cada cual para cabalgar en el veleidoso terreno del miedo. Así, por ejemplo, en Nuevo León, el candidato del PAN a gobernador, en una primera reacción, suspendió actividades y se metió debajo de la cama. El del PRI reparte utilitarios preventivos; cualquiera pensaría en un fuerte rechazo. No ha ocurrido así, como tampoco hubo resistencia a la medicina de caballo que Ebrard recetó a los habitantes del DF. La circunstancia de terror modifica la idea convencional de prudencia y libertad.

Después de todo el deterioro institucional por el crimen organizado, por el retroceso político que prohijó el foxismo y unas elecciones generales procesadas con parcialidad, el país todo descubre que existe Estado y que hay Presidente. La cuestión es que la elección es próxima y al PAN sólo le queda que la aceptación a Felipe Calderón decante en preferencias, hecho incierto y difícil porque un Presidente partidista haría colapsar la legitimidad que la gripe le ha aportado. Calderón y los mandatarios locales están obligados a dejar la parcialidad, la maldición gitana del México de siempre; gobernar para todos es el saldo obligado de una crisis que más que conciencias ha movido actitudes de unos y otros hacia un sentimiento de propósito común.

La guerra por el poder continúa, pero la electoral, la que se desenvuelve en la disputa por el voto, corresponde a los partidos y candidatos a través de los procedimientos legítimos que las reglas del juego han resuelto. La lucha fáctica por el poder, a través de los medios innobles de la política, también se hace presente, promovida por los politicastros que desde posiciones privilegiadas ven cómo se aleja la oportunidad de alcanzar la Presidencia o la de un Congreso a modo.

Es temprano para anticipar efectos. Las elecciones de la gripe plantean inesperadamente una oportunidad para trascender el maleficio de la parcialidad. Los políticos no han dado muestra de grandeza, lejos están de ser visionarios, de aprender y entender en su sentido profundo lo que ocurre. Por temor, terror o por lo que sea, los mexicanos muestran disposición de conceder mucho, incluso de apoyar y participar en las determinaciones de las autoridades que mucho les afectan. Lo de menos es que gane uno o pierda otro, lo que verdaderamente importa es que se avance hacia ese sentido republicano de que el Estado y el gobierno son necesidad al servicio de todos.

fberruetop@gmail.com

DE CABILDEOS, CALABACEOS Y TRONCHEOS.

¿Terminó el sueño bipartidista?
Juan Manuel Asai | Opinión    
CRONICA. Lunes 6 de Abril, 2009

Para la comunidad empresarial del país el ideal democrático es un bipartidismo PRI-PAN, semejante al que opera en Estados Unidos. Que los azules ganen unas veces y los tricolores otras, que se turnen la Presidencia de la República para poder presumir ante el mundo entero que en México se ha consolidado la democracia y no desperdiciar demasiado tiempo en el asunto. No advierten diferencias mayores entre ambos partidos. No las hay.

Dos gotas de agua

El reciente escándalo de la Lotería Nacional dejó en claro, por si alguien todavía lo dudaba, que en el ejercicio del poder priistas y panistas son como dos gotas de agua. Son intercambiables. Quizá unos más torpes y otros más mañosos, pero nada más. Lo que no quieren los empresarios, lo que es intolerable para ellos, es que se reedite un fenómeno como el de López Obrador, que en el 2006 prendió los focos rojos. Ese año, por algunos meses, los empresarios se vieron ante la posibilidad real de que su proyecto de país se descarrilara. A varios les dio diabetes y ya no están para sustos.

No aspiran, como algunos podrían pensar, a tener un gobierno de empresarios para empresarios. La experiencia Fox-Sahagún los vacunó para siempre. Buscan tratar con políticos profesionales que resuelvan problemas. Van por legisladores que saquen leyes que les convengan. Desean negociar con políticos que pongan reglas claras y que las cumplan. Para un empresario es oro molido saber a qué atenerse. La democracia les gusta, pero hasta cierto punto. Son demócratas mientras el grado de incertidumbre de las votaciones no desborde los estrechos márgenes de que unas veces gane el PRI y otras el PAN, o en el último de los casos la fracción del PRD que sabe cocinar y pone carita feliz.

Por eso están muy preocupados ante la estrategia elegida por el PAN y el gobierno para ganar la elección federal para el 2009. Una cosa es establecer una campaña de diferenciación y otra, muy riesgosa, romper con el PRI. Los señores del dinero piden al gobierno que recuerde que al día siguiente de la jornada electoral, esto es, el 6 de julio, los mercados volverán a operar y los comercios abrirán sus puertas. Que un partido obtenga más o menos asientos en San Lázaro es secundario. La bancada del PAN es hoy en día la más numerosa de la Cámara de Diputados, la clave para las reformas que salieron en la primera mitad del sexenio no es que haya muchos panistas, sino que Acción Nacional alcanzó una alianza estratégica con el PRI. Una “alianza modernizadora”, les gusta decir a los empresarios.

No es que los mexicanos que merodean las listas de Forbes de pronto se hayan vuelto simpatizantes del tricolor, claro que no, sino que comprenden que un rompimiento definitivo entre ambos partidos daría lugar a un periodo de esterilidad legislativa, que podría durar hasta el 2012, con lo que en la práctica el sexenio habría terminado. Además, y esta es la preocupación de fondo, sería el combustible que López Obrador necesita para volver a las andadas. Los empresarios no quieren que la democracia sea Caja de Pandora y que al ganador, una vez instalado en Palacio Nacional, le dé por abrir el tema del Fobaproa o cambie los criterios para entregar concesiones de radio y televisión, o rompa los monopolios de las telecomunicaciones o establezca, por fin, un método transparente en las licitaciones. Eso jamás.

El gobierno federal tiene a su disposición elementos necesarios para llevar la campaña negra a sus últimas consecuencias, comenzando por una dosificación discrecional de la procuración de justicia. Puede, por ejemplo, a unos días de los comicios, girar orden de aprehensión contra un gobernador priista en funciones o contra algún legislador de la cúpula tricolor y decir después ante los medios de comunicación que se trata de una detención sin propósitos electorales. Puede señalar que la investigación, llevada de manera pulcra, concluyó casualmente justo una semana antes de los comicios. Desde luego que los chicos pendencieros de Calderón pueden causar daños severos a personajes priistas, lo que los empresarios piden es que no sean irreversibles.

¿Qué hubiera pasado en el país si en diciembre del 2006 el PRI, en lugar de colaborar por el PAN, se hubiera acercado al PRD? ¿Si el zafarrancho de la semana pasada en la Cámara de Senadores hubiera terminado a puñetazos, cuánto tiempo tardarían en sanar las heridas?

MARCANDO LOS CAMPOS DE BATALLA

La batalla por el discurso
Acentos
Diego Petersen Farah

   
MILENIO 2009-04-04•Al Frente

Cualquier mexicano sabe que no es lo mismo jugar de local que de visitante. Nuestros ratones, que se convierten en furiosos tlacuaches en el estadio Azteca, se vuelven unos pobres ratoncitos cuando salen de casa. Todos sabemos que la oportunidad de México de clasificar está en que los partidos de local se den en el momento adecuado para ganar los puntos necesarios sin mayor presión. La grilla para lograr la mejores condiciones en la mesa, antes de los juegos, es tan importante como el partido mismo. En política sucede lago muy similar. La elecciones, en términos formales arrancan en mayo, pero las definiciones importantes de lo que pasará en los dos meses de campaña electoral se están dando ahora. La guerra entre PAN y PRI es por definir en qué campo se va a dar la batalla, es una lucha feroz por definir el leitmotiv, por ganar el discurso.

Los priistas quieren que la campaña gire en torno a la situación económica y el empleo. El gran tema para los mexicanos en este momento es, sin duda, la economía familiar. El tema no sólo es rentable por lo universal (es la primera vez que uso la palabra en un sentido literal), sino porque el gobierno federal ha sido muy torpe en el manejo de los asuntos económicos. El plan de infraestructura nomás no arranca; las reglas de operación de los programas más sencillos no han bajado, mucho menos llegado al beneficiario final; el discurso sobre la crisis ha sido torpe y mal articulado. ¿Alguien del gobierno puede explicar cómo es que la gripita nos tiene postrados en el hospital y por qué estamos pidiendo sangre prestada “por si las dudas”?

El PAN quiere que el tema sea el narcotráfico. Es un área donde al menos tiene algunas cuentas positivas que ofrecer y que es donde el Presidente concentra sus bonos, aunque en la práctica no sirvan para nada. Mal que bien existe la percepción de que Calderón se ha enfrentado al narco como ningún otro presidente. Pero sobre todo, en el tema del narco el PRI se vuelve muy vulnerable, pues los estados con mayor presencia de trafico y violencia derivada de las drogas están gobernados por el PRI.

El PRD no juega en esta batalla. Su posibilidad de imponer el leitmotiv es nula. Lo que pudo haber sido un campo fértil para la izquierda, la crisis del modelo de desarrollo que ellos siempre criticaron, terminó anulado por las propias broncas del partido. En esta elección los perredistas juegan a perder lo menos posible. A diferencia de 2006, ahora el PRD no será el animador de la fiesta.

¿En qué cancha se va a jugar la final? Eso es lo que se va a definir en abril y para ello el golpeteo será sensacional. La crisis puede dar más sorpresas y más malas noticias. Si es así, el PAN no podrá ni meter las manos; cuando la crisis se convierte en elector no hay estrategia que funcione. Pero si la crisis se mantiene y no genera grandes turbulencias de aquí a julio, la posibilidad de que el PAN juegue de local y logre imponer su tema es muy alta.

Los partidos tienen sus virtudes y defectos instaurados en el ADN. Los panistas, torpes en general para la operación política, son excelentes estrategas de campañas. No es extraño; durante décadas en la oposición lo suyo fue el discurso, el golpeteo, la opinión. Con el tiempo esta característica genética se desarrolló y los hizo los mejores operadores de campañas por aire. Ningún partido en México sabe manejar el discurso mediático como lo hace Acción Nacional.

En el ADN priista lo que hay es una enorme capacidad de gestión territorial. Desde su nacimiento como PRM y PNR, los priistas se articularon en redes a lo largo de todo el país que, con más o menos eficiencia, se mantienen vivas. Son expertos en operación territorial, pero se mueven mal en el aire, les cuesta trabajo articular un discurso común y, sobre todo, defenderse de los ataques. Incluso en su intento de posicionar el tema de la crisis han sido torpes y lentos; hasta el Partido Verde les ha ganado banderas.

Además de capacidad de manejo en el aire, el PAN tiene otra ventaja en esta lucha: tiene el gobierno que es, por antonomasia, el principal generador de discurso. Digamos que además de buenos pilotos el PAN tiene en estos momentos entre sus activos la flota aérea más grande y el aeropuerto. El bombardeo a los electores con el tema del narco, y los misiles teledirigidos al PRI serán la constante durante todo abril. La captura de los dos Vicentes, Carrillo y Zambada, el comentario “inocente” de Obama sobre el Elliot Ness mexicano, las declaraciones de Vicente Fox, de Janet Napolitano, la presión a los partidos para “definir” de qué lado de la guerra están, son todos elementos que abonan a favor del PAN en esta batalla por el discurso.

Será el PAN, creo, quien imponga el leitmotiv en las próximas elecciones. Como corresponde a todo partido en el gobierno, va a jugar de local y el PRI será visitante. El discurso de la crisis es mucho más difícil de articular y depende mucho más de factores externos. Difícilmente esto le dará al PAN para ganar la elección, pero lo que se veía como una goliza estrepitosa apunta ya a un “decoroso” empate o un 0-1 que al PAN le sabrá a victoria y al PRI, que actúa como si hubiera ganado el 2009 y el 2012, le sabrá a derrota.
diego.petersen@milenio.com

,

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.