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A LA VISTA.

Razones
Jorge Fernández Menéndez
El paisaje antes de la batalla
EXCELSIOR. 29-Jun-2009
El próximo domingo, salvo situaciones muy especiales, no nos encontraremos con demasiadas sorpresas, excepto una confirmación de que el sistema de doble representación distorsiona la verdadera presencia de los partidos. Es muy probable que no sea muy amplia la diferencia entre el PRI y el PAN en las elecciones federales para renovar la Cámara de Diputados: se quedará entre los tres y cuatro puntos a favor del tricolor, pero la misma va a ser mucho mayor cuando analicemos el número de diputados, ya que el PRI ganará más distritos y podría tener, finalmente, una diferencia de hasta 70 diputados más que el PAN, aunque obviamente ninguno alcanzará a tener la mayoría absoluta en la Cámara baja, una posibilidad que se podría abrir, solamente, con un fuerte voto para el Partido Verde que permitiera, a su vez, una alianza entre ambos partidos (misma que podría ampliarse en algunos temas, si mantiene el registro, con el PSD). Pero el hecho es que no habrá novedades en la elección federal.
Están mucho más interesantes las elecciones locales, aunque la que se esperaba con mayor competencia, la de Nuevo León, parece, a una semana de los comicios, estar definida: todas las últimas encuestas dan como ganador al priista Rodrigo Medina por encima del panista Fernando Elizondo por un margen, que parece muy difícil de remontar en unos días, de entre seis y diez puntos. De ser así estaríamos ante un fracaso del PAN en ese estado y que no viene de la campaña sino de mucho más lejos: de la falta de renovación de sus cuadros dirigentes y, por lo tanto, no contar con candidatos frescos, que pudieran mostrar algo nuevo; de haber mantenido a un personaje como Adalberto Madero en la presidencia municipal de Monterrey; de haber subestimado la presencia del priismo en el estado y al candidato de ese partido, Rodrigo Medina. Y también, y no es un dato menor, debido a la incontinencia verbal de alguno de sus candidatos (Mauricio Fernández Garza, que como persona es excelente, mas tendrá que reflexionar sobre cuándo y cómo hacer declaraciones públicas respecto al tema de las drogas: van dos elecciones que terminan golpeadas, por declaraciones suyas sumamente desafortunadas). Por el contrario, el PRI trabajó bien, evitó rupturas y aplicó a rajatabla el modelo Peña Nieto, como una suerte de experimento piloto para 2012 y todo indica que tendrá resultados positivos.
La otra cara de ese experimento es Sonora. El incendio de la guardería ABC, con su secuela de 48 muertos y de interminables errores del gobierno estatal, acabó con la cómoda ventaja que llevaba Alfonso Elías Serrano, candidato del PRI, del Verde y (en un dato importante para comprender la alineación de fuerzas) y también por Nueva Alianza. Si EduardoBours hace seis años ganó con apenas 800 votos de diferencia (en una elección que los encuestadores también observaban entonces como con una sólida ventaja para el PRI y que no fue tal) ahora estaremos ante un panorama similar. Habrá que ver si el PAN, con la candidatura de Guillermo Padrés, logra capitalizar los errores del priismo y el desapego del gobernador y del partido local con las fuerzas nacionales del tricolor. Pero nadie puede asegurar hoy cuál será el resultado en Sonora, aunque esa elección se ha convertido en el principal objetivo del blanquiazul.
Otros comicios que serán muy complejos son los de San Luis Potosí. No tendría que haber sido así: la plaza estaba absolutamente asegurada para el PAN, pero al partido en el poder parecen haberlo traicionado, una vez más, sus diferencias internas. El gobernador Marcelo de los Santos (que nunca ha tenido una buena química con el presidente Calderón) no apoyó a uno de sus viejos rivales internos, AlejandroZapata Perogordo y, por el contrario, directa o indirectamente le entregó al PRI un candidato que no tenía: Fernando Toranzo Fernández, que pasó, sin escalas, del gabinete del gobernador panista a la candidatura del PRI, así que las encuestas muestran que la elección será muy cerrada y, después de ella, vendrá una inevitable batalla política, porque las traiciones y los golpes bajos se han dado a la luz del día.
Algo similar, aunque de otra magnitud, está sucediendo en Querétaro. Acción Nacional no tendría por qué padecer problemas para retener la candidatura. Manuel González Valle fue un buen presidente municipal de la capital (donde se concentra el grueso de los votos) y debería ganar por amplio margen. Pero éste se ha ido acortando en forma drástica por la buena campaña del priista, cercanísimo a Manlio Fabio Beltrones, José Calzada, y debido a las divisiones internas en el PAN que, con todo, debería ganar la elección, aun que hoy nadie podría afirmarlo en forma terminante.
No habrá sorpresas en Campeche, donde el candidato del PRI, Fernando Ortega Barnés, tiene una ventaja muy amplia sobre Mario Ávila Lizárraga, que se ha incrementado por múltiples desatinos del panismo local, que no se ha podido recuperar del fallecimiento de Juan Camilo Mouriño. Tampoco las habrá en Colima, pese a que el PRI tiene un candidato muy cuestionado en la persona de Mario Anguiano Moreno, a quien se acusa de relaciones con el narcotráfico, ya que su hermano, Humberto Anguiano, está condenado a diez años de prisión por traficar con metanfetaminas y, su primo, Rafael Anguiano, está preso en Los Ángeles, por venta de drogas. Anguiano fue candidato contra viento y marea, incluso con la implícita desaprobación de Beatriz Paredes, y será difícil que pueda ser alcanzado por la panista Martha Leticia Sosa.
Por lo pronto, habrá que atender casos especiales de denuncias serias contra algunos candidatos en los estados, como la de Héctor Murguía en Chihuahua y la de Eduardo Leyson Castro en Sinaloa, beneficiado éste con más de 25 millones de pesos por el Fobaproa y con un adeudo insoluto de medio millón de dólares con el Eximbank.
Obviamente, ninguno de esos dos partidos alcanzará a tener la mayoría absoluta en San Lázaro.
PANORAMA EN LA RECTA FINAL.
Ricardo Alemán
Itinerario Político
28 de junio de 2009
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PAN: el gran perdedor
A siete días de la elección federal para renovar diputados, no existe duda de que el gran derrotado será el PAN, que caerá del primer lugar de votación en 2006 a un penoso segundo sitio, sobre todo si se toma en cuenta que Acción Nacional detenta el gobierno federal
Perderá un tercio de diputados federales
Tragedia en Nuevo León y milagro en Sonora
A siete días de la elección federal para renovar diputados, no existe duda de que el gran derrotado será el PAN, que caerá del primer lugar de votación en 2006 a un penoso segundo sitio, sobre todo si se toma en cuenta que Acción Nacional detenta el gobierno federal.
Aun así, esa derrota podría ser vista por algunos azules como victoria, ya que según los pronósticos de hace seis meses, el PRI amenazaba con arrasar en las elecciones federales y ganar, incluso, la mayoría calificada.
En realidad el PAN y su dirigente nacional, Germán Martínez, viven un dilema poco grato. Es decir, habrían logrado un importante triunfo al impedir la caída libre que llevaba el PAN hasta finales de 2008 —y que se agudizaría con las crisis sucesivas en 2009—, y evitar que el PRI se fuera a las nubes; aun así los azules despertarán la mañana del 6 de julio como los grandes derrotados.
ERRORES Y HORRORES
Pero acaso la mayor derrota que experimentarán no estará en las elecciones federales —al perder casi un tercio de sus curules en San Lázaro—, sino en el fracaso en las elecciones estatales concurrentes, canasta en la que el jefe nacional azul colocó casi todos los huevos electorales. Y claro, todos saben lo que pasa cuando se colocan todos los huevos en una sola canasta, y cuando la canasta cae.
¿Qué pasó en las seis entidades donde se renovará el gobierno estatal y el PAN decía tener posibilidades reales de triunfo en por lo menos tres de ellas? Poca cosa, que falló la estrategia electoral local, a lo que se sumó una poco clara selección de candidatos. La combinación de candidaturas forzadas, que desplazaron a figuras locales, y campañas locales que desplazaron a las estructuras locales resultó una combinación letal. En realidad el PAN podría ganar —y eso con mucha suerte— sólo el gobierno de Sonora, y podría perder la plaza de San Luis Potosí.
NUEVO LEÓN, TRAGEDIA
Caso emblema de la derrota azul será Nuevo León, en donde Germán Martínez hizo todo lo posible para imponer como candidato azul al gobierno a Fernando Elizondo, el hombre que los poderosos empresarios regios pidieron. Pero desde la imposición del candidato empezó la debacle: no se produjo una obligada operación cicatriz, que partió en dos al candidato y al partido local. El extremo fue cuando Elizondo debió montar un partido “paralelo” para hacer campaña. Luego vinieron escándalos mediáticos que le dieron sabor a la debacle anunciada.
Pero, además, el PRI entendió lo mismo que Germán Martínez; es decir, que Nuevo León es clave para 2012. Por ello volcaron todo el apoyo a esa elección. Resulta que de las tierras mexiquenses no sólo se exportó a Nuevo León la exitosa fórmula del “muñequito de pastel” —el candidato del PRI, Rodrigo Medina, es el Peña Nieto regio—, sino todo el peso político y económico del tricolor. ¿Quién del PRI es el más interesado en que Nuevo León sea tricolor? La respuesta es Enrique Peña Nieto.
SAN LUIS, DIVISIÓN
En San Luis Potosí se vive un proceso electoral kafkiano. Contra los deseos del CEN del PAN —y toda clase de trampas—, la candidatura azul fue ganada por el senador Alejandro Zapata, a la sazón enemigo a muerte del entonces candidato presidencial Felipe Calderón y del gobernador Marcelo de los Santos quien, a su vez, negoció con el PRI la candidatura del que fuera su más cercano colaborador, Fernando Toranzo.
La pelea gravita en torno a las malquerencias del gobernador, el CEN del PAN y hasta de Los Pinos hacia el candidato Zapata quien, por si no bastara, ha sido incapaz de convocar a los grupos rurales locales, negociar con ellos, pactar acuerdos y cuotas, y sumar los votos que lo llevarían al gobierno. La elección será un volado, y el triunfo del candidato que va por las siglas del PAN, un milagro. Sí, porque el otro candidato azul, el que va por las siglas del PRI, tiene todo para ganar.
SONORA, PURA SUERTE
El estado de Sonora debió ser azul desde hace seis años, cuando el hoy gobernador saliente, Eduardo Bours, pactó un apretado triunfo con Vicente Fox. Seis años después, y un cuestionable gobierno, compiten Guillermo Padrés por el PAN contra su primo Alfonso Elías Serrano. Una pelea de familia. La elección era competida, con ventaja para el PRI, hasta que el 5 de junio se produjo la tragedia de la guardería. El golpe fue letal para el PRI y el gobierno de Bours. Sonora finalmente será azul, y los sonorenses se habrán sacudido uno de los peores gobiernos, el de Bours, a quien los azules podrían pisarle una larga cola en los próximos tres años.
En Colima, Campeche y Querétaro están lejos las sorpresas.
BENEFICIOS Y LIMITANTES POLITICOS DE LA COYUNTURA ELECTORAL.
Las elecciones de la gripe
Federico Berrueto
La guerra por el poder político continúa; con los mismos medios, pero con ajustes. De la peor manera, mediante el pánico, la salud se ha vuelto el tema. El terror en la población hizo abrumador el consenso sobre el actuar de las autoridades. Sobre ese asunto, aquí, ayer, Juan Gabriel Valencia remitía a los sondeos de MILENIO Televisión-GCE en el Distrito Federal y el Estado de México presentados en días pasados. También ocurre en Nuevo León y en el conjunto del país. Frente a lo desconocido o incierto, las personas están dispuestas a desprenderse de mucho, incluso de grandes cuotas de libertad y de deterioro de su vida cotidiana.
No se posponen las elecciones, sí, afortunadamente, las campañas, las que habrán de evitar acarreos, la forma más común de concentraciones. Un ajuste al día de los comicios requeriría de una reforma constitucional fast track, posible, pero justificable sólo ante la catástrofe, la que no se padecerá. El oportunismo encubierto se hace presente ante una elección a dos meses de distancia. Candidatos y partidos, unos más otros menos, buscan capitalizar la circunstancia sin asumir costos. Los golpes bajos también continúan, como los de “analistas” afines al senador Beltrones, que ya la traen contra la dirigencia de su propio partido.
La guerra sigue porque la vida continúa. La sacudida por la influenza humana será más que un paréntesis. Habrá un antes y un después. ¿A quién beneficia o perjudica la modificación del entorno? En el corto plazo ganan quienes gobiernan. La coyuntura ofrece condiciones excepcionales de visibilidad, liderazgo y presencia mediática al Presidente, a los gobernadores y al jefe de Gobierno del DF. Aunque ya está en la Constitución, no importa la reforma que Beltrones promovió (con la complicidad de algunos del PRD y la complacencia de los del PAN) para evitar que Enrique Peña Nieto, Marcelo Ebrard, Fidel Herrera, Natividad González Parás pudieran tener existencia televisiva. En estos momentos la aprobación de los mandatarios está por las nubes. ¿Se proyectará a sus propios partidos y candidatos? Es probable.
Al momento, las mediciones de las preferencias no registran cambios; lo importante será lo que suceda en el ámbito local y la capacidad de cada cual para cabalgar en el veleidoso terreno del miedo. Así, por ejemplo, en Nuevo León, el candidato del PAN a gobernador, en una primera reacción, suspendió actividades y se metió debajo de la cama. El del PRI reparte utilitarios preventivos; cualquiera pensaría en un fuerte rechazo. No ha ocurrido así, como tampoco hubo resistencia a la medicina de caballo que Ebrard recetó a los habitantes del DF. La circunstancia de terror modifica la idea convencional de prudencia y libertad.
Después de todo el deterioro institucional por el crimen organizado, por el retroceso político que prohijó el foxismo y unas elecciones generales procesadas con parcialidad, el país todo descubre que existe Estado y que hay Presidente. La cuestión es que la elección es próxima y al PAN sólo le queda que la aceptación a Felipe Calderón decante en preferencias, hecho incierto y difícil porque un Presidente partidista haría colapsar la legitimidad que la gripe le ha aportado. Calderón y los mandatarios locales están obligados a dejar la parcialidad, la maldición gitana del México de siempre; gobernar para todos es el saldo obligado de una crisis que más que conciencias ha movido actitudes de unos y otros hacia un sentimiento de propósito común.
La guerra por el poder continúa, pero la electoral, la que se desenvuelve en la disputa por el voto, corresponde a los partidos y candidatos a través de los procedimientos legítimos que las reglas del juego han resuelto. La lucha fáctica por el poder, a través de los medios innobles de la política, también se hace presente, promovida por los politicastros que desde posiciones privilegiadas ven cómo se aleja la oportunidad de alcanzar la Presidencia o la de un Congreso a modo.
Es temprano para anticipar efectos. Las elecciones de la gripe plantean inesperadamente una oportunidad para trascender el maleficio de la parcialidad. Los políticos no han dado muestra de grandeza, lejos están de ser visionarios, de aprender y entender en su sentido profundo lo que ocurre. Por temor, terror o por lo que sea, los mexicanos muestran disposición de conceder mucho, incluso de apoyar y participar en las determinaciones de las autoridades que mucho les afectan. Lo de menos es que gane uno o pierda otro, lo que verdaderamente importa es que se avance hacia ese sentido republicano de que el Estado y el gobierno son necesidad al servicio de todos.
fberruetop@gmail.com

MARCANDO LOS CAMPOS DE BATALLA
La batalla por el discurso
Acentos
Diego Petersen Farah
MILENIO 2009-04-04•Al Frente
Cualquier mexicano sabe que no es lo mismo jugar de local que de visitante. Nuestros ratones, que se convierten en furiosos tlacuaches en el estadio Azteca, se vuelven unos pobres ratoncitos cuando salen de casa. Todos sabemos que la oportunidad de México de clasificar está en que los partidos de local se den en el momento adecuado para ganar los puntos necesarios sin mayor presión. La grilla para lograr la mejores condiciones en la mesa, antes de los juegos, es tan importante como el partido mismo. En política sucede lago muy similar. La elecciones, en términos formales arrancan en mayo, pero las definiciones importantes de lo que pasará en los dos meses de campaña electoral se están dando ahora. La guerra entre PAN y PRI es por definir en qué campo se va a dar la batalla, es una lucha feroz por definir el leitmotiv, por ganar el discurso.
Los priistas quieren que la campaña gire en torno a la situación económica y el empleo. El gran tema para los mexicanos en este momento es, sin duda, la economía familiar. El tema no sólo es rentable por lo universal (es la primera vez que uso la palabra en un sentido literal), sino porque el gobierno federal ha sido muy torpe en el manejo de los asuntos económicos. El plan de infraestructura nomás no arranca; las reglas de operación de los programas más sencillos no han bajado, mucho menos llegado al beneficiario final; el discurso sobre la crisis ha sido torpe y mal articulado. ¿Alguien del gobierno puede explicar cómo es que la gripita nos tiene postrados en el hospital y por qué estamos pidiendo sangre prestada “por si las dudas”?
El PAN quiere que el tema sea el narcotráfico. Es un área donde al menos tiene algunas cuentas positivas que ofrecer y que es donde el Presidente concentra sus bonos, aunque en la práctica no sirvan para nada. Mal que bien existe la percepción de que Calderón se ha enfrentado al narco como ningún otro presidente. Pero sobre todo, en el tema del narco el PRI se vuelve muy vulnerable, pues los estados con mayor presencia de trafico y violencia derivada de las drogas están gobernados por el PRI.
El PRD no juega en esta batalla. Su posibilidad de imponer el leitmotiv es nula. Lo que pudo haber sido un campo fértil para la izquierda, la crisis del modelo de desarrollo que ellos siempre criticaron, terminó anulado por las propias broncas del partido. En esta elección los perredistas juegan a perder lo menos posible. A diferencia de 2006, ahora el PRD no será el animador de la fiesta.
¿En qué cancha se va a jugar la final? Eso es lo que se va a definir en abril y para ello el golpeteo será sensacional. La crisis puede dar más sorpresas y más malas noticias. Si es así, el PAN no podrá ni meter las manos; cuando la crisis se convierte en elector no hay estrategia que funcione. Pero si la crisis se mantiene y no genera grandes turbulencias de aquí a julio, la posibilidad de que el PAN juegue de local y logre imponer su tema es muy alta.
Los partidos tienen sus virtudes y defectos instaurados en el ADN. Los panistas, torpes en general para la operación política, son excelentes estrategas de campañas. No es extraño; durante décadas en la oposición lo suyo fue el discurso, el golpeteo, la opinión. Con el tiempo esta característica genética se desarrolló y los hizo los mejores operadores de campañas por aire. Ningún partido en México sabe manejar el discurso mediático como lo hace Acción Nacional.
En el ADN priista lo que hay es una enorme capacidad de gestión territorial. Desde su nacimiento como PRM y PNR, los priistas se articularon en redes a lo largo de todo el país que, con más o menos eficiencia, se mantienen vivas. Son expertos en operación territorial, pero se mueven mal en el aire, les cuesta trabajo articular un discurso común y, sobre todo, defenderse de los ataques. Incluso en su intento de posicionar el tema de la crisis han sido torpes y lentos; hasta el Partido Verde les ha ganado banderas.
Además de capacidad de manejo en el aire, el PAN tiene otra ventaja en esta lucha: tiene el gobierno que es, por antonomasia, el principal generador de discurso. Digamos que además de buenos pilotos el PAN tiene en estos momentos entre sus activos la flota aérea más grande y el aeropuerto. El bombardeo a los electores con el tema del narco, y los misiles teledirigidos al PRI serán la constante durante todo abril. La captura de los dos Vicentes, Carrillo y Zambada, el comentario “inocente” de Obama sobre el Elliot Ness mexicano, las declaraciones de Vicente Fox, de Janet Napolitano, la presión a los partidos para “definir” de qué lado de la guerra están, son todos elementos que abonan a favor del PAN en esta batalla por el discurso.
Será el PAN, creo, quien imponga el leitmotiv en las próximas elecciones. Como corresponde a todo partido en el gobierno, va a jugar de local y el PRI será visitante. El discurso de la crisis es mucho más difícil de articular y depende mucho más de factores externos. Difícilmente esto le dará al PAN para ganar la elección, pero lo que se veía como una goliza estrepitosa apunta ya a un “decoroso” empate o un 0-1 que al PAN le sabrá a victoria y al PRI, que actúa como si hubiera ganado el 2009 y el 2012, le sabrá a derrota.
diego.petersen@milenio.com

ALTERNATIVAS DEL ELECTOR.
La tentación de anular el voto
Juan Manuel Asai
CRONICA | Opinión
Jueves 2 de Abril, 2009
Las opciones
Faltan tres meses para la elección federal de julio. Como están las cosas la campaña con mayor potencial de crecimiento es la que impulsa, en ciertos espacios, la anulación del voto o la abstención de los ciudadanos. Ambas opciones son perniciosas para una democracia frágil como la mexicana. Desde luego son actitudes distintas. La abstención significa hacer a un lado la contienda, sacarla de las prioridades personales. La anulación es un castigo explícito a todos los partidos. Decirles que no han estado a la altura de las circunstancias y que no merecen ni los recursos en efectivo, ni en especie, que les da la población con sus impuestos.
El tache ciudadano se extendería a los órganos electorales, el IFE y el TEPJF, que no han podido recuperar la confianza ciudadana después de su papelón del 2006. El enfado de la gente es comprensible. La abstención favorece a los partidos con mejor estructura territorial y capacidad de movilización de sus simpatizantes. La anulación ensucia los comicios, mete en problemas a los funcionarios de casilla e incrementa las posibilidades de conflictos postelectorales. Los partidos tienen todavía oportunidad de corregir el camino, pero ninguno parece interesado en dar un golpe de timón. El partido en el gobierno se blinda con la campaña negra y el endeudamiento; el PRI recurre a su estructura partidaria, ajena a la ciudadanía, diseñada para un país que dejó de existir hace décadas; y el PRD, fracturado y confundido, tiene un pie en la delincuencia organizada. Cuidado.

REBANADAS PARA COMENSALES VIEJOS
Razones
Jorge Fernández Menéndez
Y los plurinominales son de Beatriz
MILENIO. 01-Abr-2009
Los partidos tienen prácticamente listas sus candidaturas y hasta ahora no hay sorpresas. Quizás lo más notable ha sido la forma en que Beatriz Paredes ha logrado en las listas plurinominales del PRI imponer a buena parte de sus candidatos, incluida ella misma entre los aspirantes de representación proporcional y apostando con ello no a ser la coordinadora de la bancada tricolor (porque ello le impediría en lo inmediato seguir siendo la presidenta del partido), pero sí a tener el control de la misma a través de los muchos operadores propios que ha logrado colocar en la futura bancada (y, por eso, personajes que aspiraban a coordinar a los diputados, como Enrique Jackson, no han aparecido en las listas del PRI).
La verdad es que el priismo ha recurrido a muchos, demasiados quizá, de sus personajes más conocidos, para componer su lista de candidatos. En el equipo de Beatriz ganó la más estricta ortodoxia y allí tuvieron su posición todas las estructuras del tricolor, desde la CNC hasta la CTM pasando por el Movimiento Territorial y todos los grupos de poder del priismo. Eso le quitó espacio al PRI en sus listas para cualquier atisbo de candidatura ciudadana: son los suyos candidatos del establisment del partido, incluso entre las que se pretenden presentar como candidaturas jóvenes: no pueden representar a éstas, tengan o no méritos para ocupar esas posiciones, Federico Madrazo, el hijo de Roberto, o Alejandro Murat, el hijo (dicen que afortunadamente mucho más sensato) del ex gobernador José Murat. En realidad, los que podrían haber sido las figuras jóvenes del priismo han quedado, sobre todo en el Partido Verde, como Pablo Escudero. Entre los priistas hay operadores políticos con mucha experiencia y paso por las cámaras, como César Augusto Santiago y candidaturas, pocas, entre jóvenes interesantes, por ejemplo la de Claudia Ruiz Massieu.
Lo cierto es que el PRI no parece haber buscado sorprender a nadie con sus candidaturas. Por el contrario, es una distribución de poder entre los distintos grupos donde los gobernadores tuvieron un peso muy importante en la decisión de sus candidaturas locales y la presidenta del partido en las listas plurinominales, mismas que a su vez distribuyó entre los mandos de la estructura del partido. ¿Quiénes están con Beatriz? Básicamente los grupos más tradicionales del PRI, particularmente en los estados del sur y el centro. Que a nivel de los propios estados las cosas son más complejas y que la presidenta del partido ha tenido que aceptar candidaturas que sabe difíciles o de plano condenadas, lo vemos en Colima con Mario Anguiano, una imposición del gobernador Silverio Cavazos, o en Sonora con Alfonso Elías Serrano, el candidato que logró colocar el gobernador Eduardo Bours, en su caso en coalición con el partido Nueva Alianza. Y me imagino que una alianza con Elba Esther Gordillo no le debe haber caído en gracia ni a Beatriz ni a Beltrones. En ambos estados, por cierto, la amenaza del panismo es real.
Dos temas resultan interesantes a partir de esta nueva repartición de posiciones. Por una parte, cómo reaccionará el priismo ante la acumulación de poder que se ha dado en torno a Beatriz Paredes. No es ninguna novedad decir que son tres los principales precandidatos del PRI: Enrique Peña Nieto, Manlio Fabio Beltrones y Beatriz. Y si bien las encuestas muestran arriba al gobernador mexiquense, tanto Manlio como Paredes están ahí en dos sentidos: por una parte, para ocupar los espacios de poder que trascienden a Peña, pero también porque todos sabemos que falta mucho tiempo para 2012 y lo que no puede hacer un partido que tiene aspiraciones serias de regresar al poder es apostar a una sola carta: la historia reciente ha demostrado que todas, por una u otra circunstancia, pueden ser vulnerables.
El segundo punto es la unidad del propio priismo. En 2003 el PRI ganó la Cámara de Diputados con amplitud, en 2005 ganó el Estado de México con más de 50% de los votos y, unos meses después, la ruptura entre Madrazo y Elba Esther Gordillo era definitiva; con un golpe informativo la precandidatura de Arturo Montiel se hizo humo y el tricolor tuvo con Madrazo candidato y Elba apoyando al PAN, la peor elección de su historia. En esta ocasión el proceso interno, como en 2003, ha salido adelante con bastante pulcritud, pero tendrá un momento de tensión adicional con la llegada de Beatriz a la Cámara y continuará agudizándose en el futuro, cuando se acerque 2012.
Un tercer elemento tendrá influencia de cara al futuro. A pesar de que existen cálculos muy optimistas en el PRI con respecto a las elecciones del 5 de julio, la verdad es que las mismas aparecen mucho más cerradas que lo que indican algunas encuestas (no todas) y que la moneda electoral está en el aire. El PRI, que había respondido muy bien en los dos años pasados, comenzó a equivocarse con distintos temas, sobre todo en su respuesta al desafío que sobre seguridad le impuso Germán Martínez y eso ha resultado evidente en las encuestas. La memoria antipriista está más presente de lo que algunos creen, sobre todo si, como ahora sucede, la gran mayoría de sus candidaturas tiene una larga historia política y la renovación tan publicitada no se termina de reflejar en ellas. Y es que pese a que la reforma electoral buscó que se concentrara todo el poder en los partidos para buscar votos más ligados a ellos que a sus individualidades, la gente, en un porcentaje alto, sigue votando, más por los candidatos que por los partidos. Y la buena o mala imagen sigue imponiéndose. Por eso, el 5 de julio tendrá resultados mucho más cerrados de lo que muchos creen. La moneda electoral todavía está en el aire.
Y hablando de monedas en el aire: no pierda usted de vista en los próximos días a Josefina Vázquez Mota. Tendrá y mucho que decir desde la margen panista del proceso electoral.

MOMIOS DE LA CARRERA POR LA BANCADA
Jorge Castañeda
Elecciones 2009: Pronósticos
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Jorge Castañeda
Elecciones 2009: Pronósticos
(AMI), 4 de febrero de 2009.
Ya empezaron las precampañas electorales del 2009 (nuestra contribución a la práctica electoral universal), y pronto comenzaran las campañas propiamente tales. Más allá del caos en torno a los spots en el futbol y en el Super Bowl, y del desorden que ha provocado y provocará la Reforma del 2007, podemos ya tratar de dilucidar algunos pronósticos, y sus respectivas consecuencias. Conviene, sin embargo, subrayar que ya conocemos el monto de lo que se obtuvo a cambio de la mentada Reforma Electoral. De acuerdo con un anuncio de la Secretaria de Hacienda, publicado en el diario Milenio el 1° de febrero, por concepto de IETU el gobierno recaudó 46.7 mil millones de pesos en 2008, 32% menos de lo previsto, y aproximadamente 0.4% del PIB. Si recordamos que los otros componentes de la Reforma Fiscal (gasolina, impuestos sobre depósitos en efectivo, mejor recaudación) o bien no son realmente parte de una Reforma Fiscal aprobada por el Congreso, o sirven un propósito no recaudatorio, podemos concluir que el país produjo una pésima Reforma Electoral a cambio de 0.4% del PIB de incremento de recursos. No se trata precisamente de un gran negocio.
A menos de que suceda un milagro (o más bien una desgracia), parece imposible que algún partido, y en particular el PRI alcance el 43% necesario para que se aplique el candado de gobernabilidad o clausula de sobrerrepresentación, y obtenga la mayoría absoluta de los escaños, es decir 251. Implicaría una reversión de tendencia dramática, y una debacle monumental del PAN. Ninguna de estas dos opciones se antoja factible. Por tanto, por quinta vez consecutiva nadie contará con una mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y por tercer sexenio consecutivo permanecerá intacto el diseño institucional que prácticamente asegura dicho desenlace.
Un segundo vaticinio verosímil consiste en pensar que se invertirán en 2009, al igual que en el 2003, las posiciones respectivas del PRI y del PAN. Desde que hay elecciones limpias en México- es decir desde 1994- el partido del presidente pierde terreno en las elecciones de medio periodo, y no hay razón alguna para suponer que deje de suceder lo mismo en esta ocasión. En 1997, el PRI perdió 62 diputados, pasando de 300 a 238; en 2003 el PAN perdió 52, pasando de 206 a 154, y todo parece indicar que en el 2009 volverá a perder alrededor de medio centenar de curules. El electorado no le va a pasar toda la factura de la crisis, de la violencia, ni de la parálisis a Calderón; pero sí le va a cobrar algo a su partido. Por otro lado, la oposición, desde el 97, ha recogido buena parte de las pérdidas del partido mayoritario, como lo muestra la secuencia siguiente: en el 97 el PAN pasa de 119 a 118, y el PRD de 50 a 100, en 2003 el PRI pasa de 211 a 223, y esta vez debido a la subrepresentación del PRI en el 2006, producto del derrumbe provocado por Roberto Madrazo, es lógico suponer que recupere un nivel cercano a los 200 diputados.
El PRD obviamente perderá escaños ya que se vió sobrerepresentado en el 2006 a raíz del arrastre del Peje. En las elecciones para la Cámara, el PRD obtuvo 25.4% hace tres años, un nivel muy por encima de su mejor tendencia histórica. Pero tampoco se va a desfondar, por la sencilla razón de que tiene muy concentrados sus diputados en pocos estados (DF, Michoacán, Guerrero, Zacatecas, Estado de México) y en ninguna de estas entidades federativas, y sobre todo no en la capital, le debe ir especialmente mal. Probablemente termine con 70 a 80 diputados, 30 menos que ahora, es decir que pagará en un costo innegable pero no exorbitante, por las barbaridades del Peje de 2006 a la fecha.
Quizás lo más divertido de la elección resida en el desempeño y la suerte de la chiquillada. Una de las pocas disposiciones útiles de la reforma electoral del 2007 consiste en la necesidad de cada partido de rascarse con sus propias uñas, y lograr el 2% del voto que garantiza el registro por sí mismo. Pueden aliarse, pero sólo cuentan para el registro los sufragios emitidos específicamente para cada partido. De los cinco chiquitos actualmente existentes- Nueva Alianza, Partido Verde, Convergencia, PT, y Partido Social Demócrata- sólo el Verde y el PANAL dan visos de poder lograr sin demasiadas dificultades el 2% que probablemente equivalga a 700-800 mil votos, aunque dudo que el partido del magisterio llegue al 8% que le auguran sus adeptos. Convergencia puede, si la popularidad de Dante Delgado en Veracruz se matiene, tal vez alcanzarlo también; no se ve cómo el PT y el PSD puedan realizar esta hazaña, con todo y la ayuda de Chávez y los cubanos al primero, y la simpatía de la comentocracia por el segundo (aun sin Patricia Mercado).
Así, partiendo de que el Senado no se renueva y de que la LX y la LXI Legislaturas se van a parecer como dos gotas de agua con las mismas excepciones que hemos sugerido, no hay ninguna razón evidente para suponer que la segunda mitad del sexenio de Felipe Calderón se distinga demasiado de la primera. En otras palabras, el PRI seguirá chantajeando con más de una correlación de fuerzas más favorable; el PAN seguirá sin promover su agenda (en el entendido de que la tenga), el PRD seguirá dando lata pero no mucho más. No habrá una nueva y verdadera reforma fiscal, energética, o incluso laboral; ni mucho menos las reformas institucionales que son las únicas que permitirían realizar las otras: referéndum para cambiar la Constitución, reelección de diputados y senadores, segunda vuelta en la elección presidencial, régimen hibrido o sistema electoral que garantice mayorías. México seguirá igual.
ECHANDO MANO A SU MORRAL.
Sus gobernadores, los enemigos del PRI
Jesús Cantú.
PROCESO. 30 de enero de 2009.
A partir de diciembre de 2000, cuando el PAN llegó a los Pinos, el PRI comenzó a enfrentar su verdadero reto: encontrar una forma alternativa para designar a sus candidatos.
Cuando Roberto Madrazo estuvo al frente de ese partido, de marzo de 2002 a agosto de 2005, intentó capitalizar esa situación pero se enfrentó, entre otros, con el líder de los senadores priistas, Enrique Jackson, firme impulsor de los integrantes de su bancada como candidatos a gobernadores, así como con los ejecutivos estatales, quienes reclamaban para sí dicha facultad dentro de sus territorios.
Los procesos fueron conflictivos y se tradujeron en escisiones, con su consecuente impacto en la participación electoral priista. Durante el liderazgo de Madrazo “los priistas mantuvieron pugnas en 10 de las 23 entidades donde han designado candidatos a gobernador” y en la conformación de las listas de candidatos plurinominales en 2003 (Proceso 1481).
Con la llegada de Beatriz Paredes a la presidencia del PRI, el 4 de marzo de 2007, las cosas cambiaron. Se instrumentó a partir de entonces una política más conciliadora en aras de evitar confrontaciones con los gobernadores. Pero ahora existe el riesgo de que éstos intenten designar a sus sucesores, por encima incluso de lo que indiquen las encuestas o de las expresiones de las corrientes del partido.
Así se observa, por ejemplo, en la designación de los candidatos a las cuatro gubernaturas, todavía en manos de priistas, que se disputarán el próximo 5 de julio: Campeche, Colima, Nuevo León y Sonora. En Querétaro y San Luis Potosí, donde gobierna el PAN, los problemas son diferentes.
En Nuevo León, por ejemplo, el actual gobernador Natividad González Parás se empeña en imponer como candidato a Rodrigo Medina, diputado federal con licencia y actual secretario general de gobierno. Y aunque todas las encuestas lo ubican por debajo de los otros precandidatos priistas en las preferencias electorales (Abel Guerra, Cristina Díaz y Eloy Cantú, entre los más destacados), el mandatario le apuesta todo a él. Todo indica que al final Guerra y Medina se disputen la candidatura.
La dirigencia del PRI en Nuevo León informó que todo está listo para lanzar la convocatoria para una elección abierta y, según los trascendidos, en la contienda únicamente participarían Guerra y Medina. Este último contaría con todo el apoyo de las estructuras electorales construidas al amparo del gobierno estatal, encabezadas por Mario Guerrero, extitular de Fomerrey, y Felipe Enríquez, diputado local y estratega electoral que ha operado en las elecciones para elegir gobernadores en Nuevo León, en el Estado de México, Yucatán y otros estados.
Las dificultades para González Parás y su delfín aumentan, pues las encuestas ubican a éste como perdedor frente a los abanderados del PAN.
En el caso de Sonora, el gobernador Eduardo Bours Casteló, intenta igualmente designar al actual senador Alfonso Elías Serrano como su candidato, aunque puede optar por los actuales presidentes municipales de Guaymas, Antonio Astiazarán, y Hermosillo, Ernesto Gándara Camou. Este último incluso encabeza las encuestas de preferencia electoral.
Este estado reviste características particulares por el abierto enfrentamiento entre Bours y Manlio Fabio Beltrones, el líder de la fracción priista en el Senado. Además, en las elecciones de 2006, el PRI sonorense fue el único que aceptó una alianza con el Panal, de Elba Esther Gordillo.
En diciembre pasado, el mismo día que el Consejo Político estatal del PRI decidió por unanimidad recurrir a la elección abierta para designar a su candidato, el hermano del gobernador, Ricardo Bours, ofreció un desayuno en donde externó su apoyo al senador Elías Serrano. A su vez, el exlíder magisterial y senador suplente Fermín Trujillo Fuentes reveló que en vísperas de las designaciones en 2006, el gobernador Bours y Gordillo acordaron que Serrano sería el candidato, en el entendido que éste dejaría su cargo legislativo para que Trujillo Fuentes ocupara el escaño.
Así, aunque el mandatario se inclina abiertamente por Serrano deja abierta la posibilidad de apoyar a otros dos contendientes si fuera necesario. Así mismo, es claro que se opone a las candidaturas de los otros aspirantes: Guillermo Hopkins, Carlos Ernesto Zataráin y Julio César Córdova.
En Colima, el gobernador Jesús Silverio Cavazos Ceballos apoya en primer término al actual alcalde de la capital, Mario Anguiano Moreno, pero tiene otras opciones: su secretario de gobierno Héctor Michel Camarena y su secretario de Educación Carlos Cruz Mendoza. Incluso le permitir ir en alianza con el Panal para hacer que el PRI retenga la gubernatura. En el llamado grupo opositor al ejecutivo estatal, se encuentran el senador Rogelio Rueda, el rector de la Universidad de Colima, Miguel Ángel Aguayo, y el diputado federal Arnoldo Ochoa.
Y en Campeche, el gobernador Jorge Carlos Hurtado Valdez impulsa al senador Fernando Eutimio Ortega Bernés, quien encabeza las preferencias electorales. Tiene como dos opciones: inclinarse por el líder del Congreso estatal, Carlos Felipe Ortega Rubio, o por su secretario de Turismo, Jorge Luis González Curi. Los otros aspirantes son el diputado federal Víctor Méndez Lanz, el alcalde de la capital, Oznerol Pacheco Castro, y el senador Alejandro Moreno Cárdenas.
En las cuatro entidades, el reto es que las imposiciones de los gobernadores no fracturen la unidad del PRI y ponga en riesgo la conservación de la gubernatura.
Mientras tanto, el domingo 18 el PRI realizó en San Luis Potosí la contienda interna para elegir a su candidato. El triunfador fue Fernando Toranzo Fernández, quien recibió el apoyo del gobernador, el panista Marcelo de los Santos. De acuerdo a los resultados de la Comisión de Procesos Internos del PRI, Toranzo derrotó a Jesús Ramírez Stabros, quien cuenta con el respaldo del líder de los diputados priistas, Emilio Gamboa, a Carlos Jiménez y a Juan Carlos Machinena.
En San Luis Potosí, el riesgo de división surge también por la intervención de De los Santos, que al parecer quiere impulsar a través del PRI al candidato que no pudo colocar en su partido, el PAN, debido a la intromisión del presidente Felipe Calderón y el dirigente partidista, Germán Martínez.
En Querétaro el enfrentamiento es entre el senador José Calzada, que aparentemente cuenta con el apoyo de los líderes de los grupos parlamentarios en el Senado y la Cámara de Diputados y de la misma dirigente nacional, Beatriz Paredes; y el exdirigente estatal del PRI, Jesús María Rodríguez Hernández, quien recibe el respaldo del exgobernador Enrique Burgos y de corrientes locales. También aquí está en riesgo la unidad del partido.
Sin embargo, hoy todo indica que los principales enemigos del partido son sus propios gobernadores, que quieren dejar a sus incondicionales como sucesores. Esta situación los enfrenta con otros grupos locales que no están dispuestos a permanecer fuera del poder otros seis años. Por lo que se ve, en el PRI solamente cambió el dedo elector
AÑO ELECTORAL ADERAZADO CON CRISIS.
Agenda CONFIDENCIAL
Luis Soto
EL FINANCIERO. Martes, 13 de enero de 2009
* Ganadores y perdedores.
Es claro que la crisis no golpeará igual a todos los mexicanos. Es más, a algunos no sólo no los golpeará, sino que les traerá beneficios. Por eso es necesario saber lo que significa la crisis para cada uno de los sectores de la actividad política, económica y social del país.
En qué circunstancias atrapó el estallido de esta bomba financiera y económica al gobierno federal, a los gobiernos estatales y municipales, a los partidos políticos, a industriales, comerciantes y usureros (¡perdón!, banqueros y financieros), y a empleados, obreros, campesinos, subempleados y desempleados.
1) En primer término, hay que apuntar que la crisis explota en un año de elecciones intermedias, cuando los partidos y la clase política inician el proceso electoral que renovará las 500 curules de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, cinco gubernaturas, 16 jefaturas delegacionales y 66 asientos en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, entre otros cargos. Eso significa que los protagonistas de la política nacional, comenzando por el Presidente de la República, conducirán sus acciones con la mira puesta en la búsqueda de los votos para el domingo 5 de julio de 2009.
2) Para Felipe Calderón, la crisis llega en el peor momento de su gobierno:
-Perdió, el martes 4 de noviembre de 2008, a la estrella de su gabinete, al líder del dream team de Los Pinos Juan Camilo Mouriño Terrazo, segundo de a bordo y delfín presidencial para la sucesión de 2012.
-Los rumores de cambios en el primer equipo son imparables. Están seriamente cuestionados los desempeños de Genaro García Luna en Seguridad Pública; Eduardo Medina Mora en la Procuraduría General de la República; Gerardo Ruiz Mateos en Economía; Ernesto Cordero Arroyo en Desarrollo Social, y Salvador Vega Casillas en la Función Pública, entre otros.
-La indescriptible pareja de Germán Martínez Cázares y César Nava Vázquez al frente del PAN no le garantiza al presidente Calderón nada más que conflictos internos y previsibles derrotas en las elecciones de 2009.
-El protagónico dueto expresidencial (de la República y del PAN) formado por Vicente Fox Quesada y Manuel Espino Barrientos, opuesto al presidente Calderón y al frente de un ejército de yunquistas, no se resigna a quedar fuera del reparto de posiciones y busca a como dé lugar su ración de tajadas del pastel electoral.
-La reforma petrolera aprobada por el Congreso gracias al voto priista, se parece muy poco al proyecto original de Felipe Calderón y su mayor utilidad fue para el senador Manlio Fabio Beltrones, que con su fugaz alianza con el Presidente de la República se posicionó mediáticamente como lo que no es: un político todopoderoso.
-La inseguridad y la violencia son incontrolables, a pesar de que el gobierno federal afirma estar ganando la guerra contra el narcotráfico y la delincuencia organizada.
3) El Partido Revolucionario Institucional da gracias al cielo porque la crisis representará para sus candidatos una carta de triunfo frente a las candidaturas panistas. De dientes afuera los priistas cierran filas con Felipe Calderón porque “La patria es primero”, pero a la hora de las campañas electorales no van a dejarle hueso sano a sus adversarios del partido oficial: “Nosotros sí sabemos cómo hacerlo”, dirán los correligionarios de Beatriz Paredes a los de germancitoelhombrecito.com.
4) El Partido de la Revolución Democrática, convertido en “Leal oposición a su majestad”, tendrá que caminar en la cuerda floja para mantener la credibilidad frente a sus próximos electores, ratificando en medio de la crisis posiciones de izquierda frente al gobierno federal, y para conservar su nuevo rostro de oposición bonita, bien portada y decente que tan buenos dividendos está rindiendo a sus dirigentes actuales.
5) El movimiento de Andrés Manuel López Obrador -que muchos dan por muerto, pero que todavía resuella- obtendrá el oxígeno que necesita atacando las 25 medidas del acuerdo del 7 de enero, por considerarlas “electoreras, insuficientes y tibias”.
6) ¿Duda alguien que el acuerdo anticrisis tendrá efectos positivos para la mayoría de los respetables miembros de la iniciativa privada, sobre todo para los gigantes del sector que consideran las crisis no como problemas sino como oportunidades?
7. ¿Y los empleados, obreros, campesinos, subempleados y desempleados? El acuerdo apunta a crear condiciones que favorezcan sus raquíticas economías. Veremos si se logra el objetivo presidencial o si en el camino se frustran las buenas intenciones.
EL MALEFICIO PARA EL VOTANTE
Soledad Loaeza
Si el PRI regresa…
La Jornada. 8 de enero de 2009.
Hasta ahora, buena parte de las encuestas de intención de voto para el año que comienza prometen al PRI una mayoría legislativa; es probable que también retenga las gubernaturas de Campeche, Colima, Nuevo León y Sonora, e incluso que recupere Morelos.
Si estos resultados se confirmaran, estaríamos ante una prueba contundente de la desilusión mexicana con la democracia. El regreso del PRI no sería un episodio más de alternancia en el poder, sino la expresión del desencanto con una experiencia que los priístas esperan que quede reducida a la condición de mero paréntesis. Podrían interpretarlo de esa manera porque es muy poco lo que han hecho para cambiar. Su partido es el mismo de antes de 2000; las caras son las mismas, incluso entre los más jóvenes, que en lugar de abrir las ventanas, sacudir y barrer la casa, se han limitado a asumir los usos y costumbres de sus mayores, y ahora se les parecen tanto que son viejos prematuros. Enrique Peña se parece cada vez más a Joaquín Gamboa Pascoe, y Humberto Moreira a Carlos Jonguitud.
Tampoco han variado las prácticas de los priístas; peor que eso, el clientelismo y el patrimonialismo que en el pasado representaban la imagen de marca del PRI hoy en día son recursos generales a los que acuden todos los partidos, al igual que el pandillerismo con que pretenden resolver conflictos internos, como ocurría en los años 50, y como hicieron los adversarios de Patricia Mercado que ahora administran el Partido Socialdemócrata. Y si de ideas hablamos, las posturas de los priístas obedecen más a cálculos estratégicos que a objetivos precisos de gobierno y de administración.
No son pocos los ejemplos de encuestas cuyas predicciones resultan equivocadas, pero si el PRI regresa no traerá consigo ninguna certidumbre, a pesar de que su triunfo sería en buena medida producto de la desesperación ciudadana ante las intolerables incertidumbres que nos aquejan. Muchos de los que defienden este regreso aspiran a la predictibilidad del autoritarismo; se han olvidado del hartazgo con las incompetencias y la corrupción, de las crisis económicas que la destruyeron o de las complicidades criminales que sustentaban el orden público; aceptan, sin pensarlo mucho, la cantinela de que los priístas sí sabían hacer las cosas. Es decir, los hoy simpatizantes del PRI promueven la restauración no sólo de un partido, sino de todo un arreglo político, una de cuyas piezas centrales era el partido. Sin embargo, no se les ocurre exigirle que haga las reformas a que lo obligaban, primero, los escándalos de los 80 y de los 90, luego, la derrota, la competencia partidista y la emergencia de votantes activos.
Quienes ahora apoyan al PRI como un mal menor y sin mayores condiciones están favoreciendo a las corrientes más conservadoras de ese partido –que son también las más oscuras e inquietantes– y pierden de vista que, contrariamente a lo que esperan, la restauración sería desestabilizadora porque el antiguo partido hegemónico regresaría al poder en un entorno político muy distinto al del México de la segunda mitad del siglo XX.
Los dos soportes centrales del predominio priísta eran el Estado y el presidencialismo, y ambos han experimentado transformaciones profundas que difícilmente podrían ser revertidas. El fortalecimiento de los intereses privados y el ascenso de los gobernadores son dos de los factores que limitan el poder del gobierno federal y de las comisiones reguladoras y, por otro lado, el presidencialismo ya no es lo que era. Desafortunadamente, el accidentado paso del enamorado Vicente Fox por Los Pinos le causó más cambios que la democracia, al menos en términos de las percepciones públicas, porque demostró que para ser presidente no se necesita siquiera un certificado de sanidad mental. No en balde uno de los primeros cometidos del presidente Caderón ha sido la reconstrucción de la dignidad de la institución presidencial que despedazó la frivolidad del foxismo.
Si el PRI regresa e intenta restablecer una estructura centralizada del poder, como es previsible, en vista de que no hay señales de que haya aprendido otra cosa, habrá conflictos con los demás partidos, con los gobernadores, entre los gobernadores, con los legisladores, entre los legisladores, por mencionar sólo algunos. La ambicionada certidumbre estaría todavía más lejos de nuestro alcance.
El regreso del PRI no sería una restauración, sino el estrepitoso final de ese partido que hemos estado esquivando durante casi una década.
http://soledadloaeza.com.mx
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