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PANORAMA EN LA RECTA FINAL.

Ricardo Alemán
Itinerario Político
EL UNIVERSAL. 28 de junio de 2009
 
PAN: el gran perdedor

A siete días de la elección federal para renovar diputados, no existe duda de que el gran derrotado será el PAN, que caerá del primer lugar de votación en 2006 a un penoso segundo sitio, sobre todo si se toma en cuenta que Acción Nacional detenta el gobierno federal

Perderá un tercio de diputados federales

Tragedia en Nuevo León y milagro en Sonora

A siete días de la elección federal para renovar diputados, no existe duda de que el gran derrotado será el PAN, que caerá del primer lugar de votación en 2006 a un penoso segundo sitio, sobre todo si se toma en cuenta que Acción Nacional detenta el gobierno federal.

Aun así, esa derrota podría ser vista por algunos azules como victoria, ya que según los pronósticos de hace seis meses, el PRI amenazaba con arrasar en las elecciones federales y ganar, incluso, la mayoría calificada.

En realidad el PAN y su dirigente nacional, Germán Martínez, viven un dilema poco grato. Es decir, habrían logrado un importante triunfo al impedir la caída libre que llevaba el PAN hasta finales de 2008 —y que se agudizaría con las crisis sucesivas en 2009—, y evitar que el PRI se fuera a las nubes; aun así los azules despertarán la mañana del 6 de julio como los grandes derrotados.

ERRORES Y HORRORES

Pero acaso la mayor derrota que experimentarán no estará en las elecciones federales —al perder casi un tercio de sus curules en San Lázaro—, sino en el fracaso en las elecciones estatales concurrentes, canasta en la que el jefe nacional azul colocó casi todos los huevos electorales. Y claro, todos saben lo que pasa cuando se colocan todos los huevos en una sola canasta, y cuando la canasta cae.

¿Qué pasó en las seis entidades donde se renovará el gobierno estatal y el PAN decía tener posibilidades reales de triunfo en por lo menos tres de ellas? Poca cosa, que falló la estrategia electoral local, a lo que se sumó una poco clara selección de candidatos. La combinación de candidaturas forzadas, que desplazaron a figuras locales, y campañas locales que desplazaron a las estructuras locales resultó una combinación letal. En realidad el PAN podría ganar —y eso con mucha suerte— sólo el gobierno de Sonora, y podría perder la plaza de San Luis Potosí.

NUEVO LEÓN, TRAGEDIA

Caso emblema de la derrota azul será Nuevo León, en donde Germán Martínez hizo todo lo posible para imponer como candidato azul al gobierno a Fernando Elizondo, el hombre que los poderosos empresarios regios pidieron. Pero desde la imposición del candidato empezó la debacle: no se produjo una obligada operación cicatriz, que partió en dos al candidato y al partido local. El extremo fue cuando Elizondo debió montar un partido “paralelo” para hacer campaña. Luego vinieron escándalos mediáticos que le dieron sabor a la debacle anunciada.

Pero, además, el PRI entendió lo mismo que Germán Martínez; es decir, que Nuevo León es clave para 2012. Por ello volcaron todo el apoyo a esa elección. Resulta que de las tierras mexiquenses no sólo se exportó a Nuevo León la exitosa fórmula del “muñequito de pastel” —el candidato del PRI, Rodrigo Medina, es el Peña Nieto regio—, sino todo el peso político y económico del tricolor. ¿Quién del PRI es el más interesado en que Nuevo León sea tricolor? La respuesta es Enrique Peña Nieto.

SAN LUIS, DIVISIÓN

En San Luis Potosí se vive un proceso electoral kafkiano. Contra los deseos del CEN del PAN —y toda clase de trampas—, la candidatura azul fue ganada por el senador Alejandro Zapata, a la sazón enemigo a muerte del entonces candidato presidencial Felipe Calderón y del gobernador Marcelo de los Santos quien, a su vez, negoció con el PRI la candidatura del que fuera su más cercano colaborador, Fernando Toranzo.

La pelea gravita en torno a las malquerencias del gobernador, el CEN del PAN y hasta de Los Pinos hacia el candidato Zapata quien, por si no bastara, ha sido incapaz de convocar a los grupos rurales locales, negociar con ellos, pactar acuerdos y cuotas, y sumar los votos que lo llevarían al gobierno. La elección será un volado, y el triunfo del candidato que va por las siglas del PAN, un milagro. Sí, porque el otro candidato azul, el que va por las siglas del PRI, tiene todo para ganar.

SONORA, PURA SUERTE

El estado de Sonora debió ser azul desde hace seis años, cuando el hoy gobernador saliente, Eduardo Bours, pactó un apretado triunfo con Vicente Fox. Seis años después, y un cuestionable gobierno, compiten Guillermo Padrés por el PAN contra su primo Alfonso Elías Serrano. Una pelea de familia. La elección era competida, con ventaja para el PRI, hasta que el 5 de junio se produjo la tragedia de la guardería. El golpe fue letal para el PRI y el gobierno de Bours. Sonora finalmente será azul, y los sonorenses se habrán sacudido uno de los peores gobiernos, el de Bours, a quien los azules podrían pisarle una larga cola en los próximos tres años.

En Colima, Campeche y Querétaro están lejos las sorpresas.

DESENCANTO Y CRUCIALIDAD DE LAS ELECCIONES DE 2009

EL EX CONSEJERO PRESIDENTE DEL IFE, JOSE WOLDENBERG NOS PRESENTA LOS ESCENARIOS POSIBLES SOBRE LA COMPOSICION CAMERAL A PARTIR DE LOS RESULTADOS ELECTORALES Y SOBRE LA SITUACION POLITICA DE LAS GUBERNATURAS EN DISPUTA Y SOBRE EL PRD. LEER PDF

ALTERNATIVAS DEL ELECTOR.

La tentación de anular el voto
Juan Manuel Asai
CRONICA | Opinión    
Jueves 2 de Abril, 2009
Las opciones

Faltan tres meses para la elección federal de julio. Como están las cosas la campaña con mayor potencial de crecimiento es la que impulsa, en ciertos espacios, la anulación del voto o la abstención de los ciudadanos. Ambas opciones son perniciosas para una democracia  frágil como la mexicana. Desde luego son actitudes distintas. La  abstención significa hacer a un lado la contienda, sacarla de las prioridades personales. La anulación es un castigo explícito a todos los partidos. Decirles que no han estado a la altura de las circunstancias y que no merecen ni los recursos en efectivo, ni en especie, que les da la población con sus impuestos.

El tache ciudadano se extendería a los órganos electorales, el IFE y el TEPJF, que no han podido recuperar la confianza ciudadana después de su papelón del 2006. El enfado de la gente es comprensible. La  abstención favorece a los partidos con mejor estructura territorial y capacidad de movilización de sus simpatizantes. La anulación ensucia los comicios, mete en problemas a los funcionarios de casilla e incrementa las posibilidades de conflictos postelectorales. Los partidos tienen todavía oportunidad de corregir el camino, pero ninguno parece interesado en dar un golpe de timón. El partido en el gobierno se blinda con la campaña negra y el endeudamiento;  el PRI recurre a su   estructura partidaria, ajena a la ciudadanía, diseñada para un país que dejó de existir hace décadas; y el PRD, fracturado y confundido, tiene un pie en la delincuencia organizada. Cuidado.

FUTURO EN NOSTALGIA

Preparémonos para el PRI

Ciro Gómez Leyva.
Milenio. Miércoles, 25 Febrero, 2009

La pregunta hoy no es si el PRI va a ganar las elecciones de julio, sino si lo hará con un margen tal que le permita alcanzar la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados. Es una pregunta que se hacen en el PAN, en Los Pinos y, claro, en el PRI.

Consciente de que las encuestas los tienen 10 puntos abajo, el líder del PAN, Germán Martínez, debe pensar que es buena idea recordarle a los ciudadanos algo por lo demás cierto: la tragedia de la inseguridad es una herencia de los gobiernos del PRI. Los priistas, con las mismas encuestas en la mano, le ordenan que deje de decir estupideces.

Esta vez fue Jesús Murillo Karam, secretario general tricolor, el encargado de tirar el golpe, pero pudo haber sido cualquiera. Lo más notable del PRI tras la vapuleada del 2006 ha sido su capacidad para mostrarse como un grupo macizo, sin pleitos internos significativos. La presidenta Beatriz Paredes ha hecho en ese sentido una gestión de excelencia. Y Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa se han encargado de labrar una imagen de serenidad, experiencia, eficacia y poder.

El resto ha sido labor de los gobernadores, que manejan con una maestría que da miedo su poderío político. No solucionan problemas sociales, enflaquecen frente al crimen, pero no pierden una elección. Llámense Aguilar, Moreira, Hernández, Marín, Herrera, Ruiz…

Y hay algo más. Los priistas parecen llegar al 2009 en el entendido de que, por el momento, no hay más candidato para el 2012 que el mexiquense Enrique Peña Nieto. Es decir, no están distraídos en el mortífero juego de la sucesión. Por el momento.

Cincuenta y ocho por ciento de los votos en 1991; 48.6 en 1994, ¿42.3 en 2009? Vaya si hay vida después de Madrazo y Montiel.

Preparémonos para verlos de regreso.
gomezleyva@milenio.com

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CRISIS Y EFECTOS SOCIALES A 2009. ESCENARIO DE REVUELTAS.


El peor escenario

La identidad nacional y lo social
Mario Luis Fuentes
EXCELSIOR
15-Dic-2008

Corren los meses de abril y mayo de 2009. Como en la película de Spike Lee o en El extranjero, de Albert Camus, comienza el calor. Los efectos de la crisis económica se sienten con mayor agudeza en los bolsillos de los mexicanos, la pobreza y la desigualdad siguen en ascenso.

Por otro lado, la criminalidad y la violencia no ceden. Las campañas políticas están caracterizadas por la agresividad en el lenguaje, la polarización de los grupos antagónicos y los intentos del narcotráfico y el crimen organizado de incidir en la definición de quiénes serán los candidatos a presidentes municipales, diputados locales y federales de las distintas regiones del país.

Por si fuera poco, el clima político se enrarece por uno o varios atentados en contra de actores políticos en distintos niveles y, en medio de una de las crecientes movilizaciones sociales que se dan en el “día a día”, se comete un “error” por cualquiera de las partes y se enciende “la mecha” de la crispación social.

Estas ideas pueden parecer en un primer momento producto de una visión pesimista de la realidad, sin embargo, valdría la pena hacer la reflexión en torno a que, si la “revuelta” ya se presentó en París y ahora en Grecia, ¿qué nos garantiza que en México no puede ocurrir algo similar?

El linchamiento de dos policías federales en Tláhuac, el asesinato de trabajadores mineros en Michoacán y los recientes intentos de linchamiento en contra de presuntos delincuentes en distintos pueblos de México pueden ser vistos de manera aislada o bien podrían ser percibidos como los “síntomas” de un malestar social que en cualquier momento podría desbordarse.

Si algo tiene de característico “la revuelta” es que en muchos sentidos es imprevisible. Es decir, nadie puede saber cuándo ni en qué circunstancias puede ocurrir. Sin embargo, lo que sí puede saberse es que en ciertas condiciones económicas y sociales las posibilidades de que suceda son mayores y, sin duda alguna, México se está enfilando aceleradamente hacia ellas.

Frente a éste, que sería uno de los peores escenarios, lo peor que podría ocurrir es que los aparatos de inteligencia y las instituciones de seguridad pública no estuviesen en alerta ni conscientes de que un escenario de esta índole podría presentarse en nuestro país. Lo deseable es que no pase, pero ¿y si llegase a ocurrir?

Tener la capacidad de plantear el peor escenario desde las instituciones del Estado no es sinónimo de “catastrofistas”; por el contrario, implica tener capacidad de anticipación y respuesta para que, en caso de que algo tan crítico como una revuelta social ocurra, las instituciones estén preparadas para intervenir desde una lógica de contención, pero también desde una visión garantista de los derechos humanos de todos.

Más aún, la capacidad de anticipación debería llevar al diseño de políticas e intervenciones que tengan como objetivo modificar las condiciones estructurales que potencian las posibilidades de que una movilización social violenta ocurra; esto es: contención de la crisis económica, rediseño de la política social e implementación de nuevas políticas para la inclusión, a fin de iniciar un proceso realmente anticíclico que no sólo nos ponga “a flote” en medio de la crisis, sino permita revertir los procesos de desigualdad y pauperización de la gente.

Las cifras sobre el número de jóvenes que trabajan es alarmante; y hay entidades en las que han comenzado a fluir datos sobre los miles de ellos que están abandonando sus estudios debido a las carencias económicas de sus familiares. La privación del derecho de los jóvenes a tener una educación de calidad, su pronta incorporación al mercado laboral, así como el incremento en los niveles de actitudes de riesgo que están “disparando” las cifras sobre consumo de drogas, accidentes e incluso suicidios, son un caldo de cultivo bastante peligroso ante el cual más valdría tomar medidas mucho más asertivas para intentar bajar los niveles de presión social que se perciben en todos lados.

México no puede darse el lujo de simplemente “esperar a que no pase nada” y seguir con las mismas políticas y acciones, las cuales, a la luz de los resultados, requieren profundas revisiones y replanteamientos.

Lo deseable es que el peor escenario sea sólo eso: un planteamiento hipotético que gracias a las medidas que fuimos capaces de adoptar desde ahora, fue conjurado y pasó simplemente a una bodega con “archivos muertos”.

PROBABILIDADES Y DESAFIOS PARTIDISTAS AL 2009.

PRI: AVANZA. PAN: A LA BAJA. PRD: EL DESPLOME
Por Darío Mendoza
REPORTE INDIGO.

12 Dec 2008

Ya se puede prever lo que pasará en los comicios del próximo año. La desconfianza y el desencanto van marcando el rumbo.

 

De acuerdo con las últimas encuestas, los mexicanos no tienen confianza en los partidos políticos, ni en sus diputados. La elección federal de 2009 no tiene grandes figuras, como ocurre con los comicios presidenciales. Será una votación de marcas, no de personas.

Si seguimos la ruta de las elecciones recientes, vemos que los ciudadanos han dejado de acudir a las urnas. En Coahuila, por ejemplo, no es que el PRI tenga más votos, el punto es que los ciudadanos independientes han dejado de participar. Y en un escenario de este tipo, gana el partido que tiene el mejor vehículo para comprar voluntades y llevarlas el Día D.

El escenario probable para el próximo año ya está a la vista: el ascenso del PRI, la baja del PAN y el desplome del PRD.

Aunque cada elección es diferente, el 2009 se parece al 2003. Nada más que ahora hay nuevas reglas electorales. Ya veremos cómo funcionan en la práctica, ya que limitan las campañas mediáticas creativas de ataque y defensa.

 

1. El desafío del PRI

El partido tricolor es el mejor posicionado en las encuestas. El ambiente es propicio para que el eje de su campaña sea la experiencia de gobernar y el deseo de las personas de que se ponga orden. La gente puede ahora ir por eficacia aunque sacrifique moralidad. Es el viejo dicho popular de que roben, pero que repartan.

El PRI cuenta con buenos cuadros, y Enrique Peña Nieto registra conocimiento nacional y gran popularidad. Su imagen empieza a ser usada en elecciones locales de otras entidades, a donde el gobernador del Estado de México ha llegado para apoyar las campañas priistas.

Los cuadros de este partido siguen aceitados. El PRI ha mostrado experiencia, y aunque ha perdido la Presidencia de la República, gobierna una buena parte del país y mantiene poder en el gobierno federal.

 

2. El desafío del PAN

Después de la cerrada competencia presidencial en 2006, el partido albiazul va a la baja. Incluso en los comicios recientes ha perdido una buena parte de sus tradicionales bastiones, como Aguascalientes, Mazatlán y Hermosillo.

El PAN obtiene menos votos, y muchos de ellos provienen de los independientes, que son los que se movilizan para que el partido logre triunfos, pero éstos han decidido ausentarse de las urnas, desilusionados de la forma de gobernar del blanquiazul.

De acuerdo con las encuestas, este partido podría retener las gubernaturas de San Luis Potosí y Querétaro en las elecciones del próximo año. Pero en lugares como Nuevo León y Sonora será difícil que gane la administración estatal, sobre todo porque en esas entidades no hay liderazgos tan claros y sí una serie de disputas internas que pueden llevarlo a perder.

 

El síndrome Castillo Peraza

La ruta de los acontecimientos indica que el PAN disminuirá su número de diputados en el Congreso federal debido al creciente abstencionismo. Y también porque sus figuras no son carismáticas. Cuando uno ve o escucha a los líderes visibles de Acción Nacional, claramente se percibe una lejanía o una dificultad para conectarse con la gente.

Castillo Peraza fue un gran intelectual del partido y un líder elocuente. Pero fue un candidato desastroso al gobierno del Distrito Federal. Perdió puntos de manera acelerada cuando las encuestas marcaban que el PAN de entonces podía haber ganado el gobierno capitalino.

El hecho era que su voz y su comunicación no verbal no tenían gran significado para los ciudadanos. Dentro de su partido le iba muy bien, pero afuera era un desastre. Esto es lo que hoy vive Acción Nacional. Mientras no tenga claro el diagnóstico de que no ganó Felipe Calderón en 2006, sino que perdió Andrés Manuel López Obrador, difícilmente podrá tener empatía con los ciudadanos.

 

La popularidad del presidente, una lectura equivocada

La popularidad del presidente Felipe Calderón, a pesar de la ola de inseguridad y de los problemas económicos, puede ser un factor de confusión para los panistas. Lo que es cierto es que todos los presidentes de México han mantenido un buen índice de popularidad por el respeto que los mexicanos muestran a quien ocupa esta posición de gobierno.

Esto se puede ver, por ejemplo, en la encuesta de Mitofsky, la cual señala que 74 por ciento de los encuestados en noviembre de 2008 dicen que la situación política de México va peor o igual de mal, y más de la mitad de los encuestados (55 por ciento) dicen que el país va por un rumbo equivocado.

 

3. El desafío del PRD

Después de la elección de 2006, el PRD se ha dedicado a autodestruirse. Es el partido que registra las percepciones más negativas de la población. Sin embargo, podría mantener su bastión en la Ciudad de México, ya que prácticamente controla a los grupos clientelares que antes fueron del PRI. Mientras, el PAN sigue sin encontrar el mensaje correcto para los capitalinos.

Marcelo Ebrard registra un gran reconocimiento nacional; sin embargo, no logra conectarse con los electores. No alcanza la popularidad de Enrique Peña Nieto a pesar de que pueden tener el mismo nivel de exposición en los medios electrónicos. Esto quiere decir que la imagen del jefe de Gobierno de la Ciudad de México no podrá servir de mucho para fortalecer al PRD en otras entidades.

Andrés Manuel López Obrador mantiene un buen núcleo de seguidores, pero se está aislando, se está quedando sin estructura partidaria que lo apoye. Tal vez lo más complicado para el PRD es tener figuras como René Bejarano, que con toda insensibilidad anuncia su regreso a la política.

Estas imágenes del partido del sol azteca no podrán llevarlo a avanzar, más bien todo lo contrario, podría perder. Pero esos votos no se van al PAN, sino al PRI.

De continuar las tendencias actuales, el elector independiente podría ausentarse de las urnas debido a la profunda desconfianza que le inspiran los partidos y sus representantes. Y entonces, ganará el que tenga mayor capacidad para mover el voto clientelar territorial en julio de 2009.

DEBILIDADES Y ESCENARIOS DEL SEGUNDO TRIENIO PRESIDENCIAL

Excélsior.  27-Oct-2008
Juegos de Poder
Leo Zuckermann
Un gobierno débil

La debilidad del gobierno calderonista se debe a cuatro factores. En primer lugar, de acuerdo con el Índice Shugart-Haggard, el Ejecutivo mexicano es uno de los más endebles de todos los sistemas presidenciales del mundo. Frente al Poder Legislativo, sólo tiene el poder de veto total de las leyes que aprueba el Congreso. En otros países, los presidentes gozan de otro tipo de poderes frente a la Legislatura como los vetos parciales, la presentación exclusiva de iniciativas, los decretos temporales o la afirmativa ficta. La realidad es que el Ejecutivo mexicano cuenta con pocas facultades constitucionales. Huelga decir que Calderón no tiene la culpa de esta situación.

El segundo factor que explica el gobierno débil es que el partido del Presidente no tiene la mayoría en ninguna de las dos cámaras legislativas. El PAN cuenta con 41% de los diputados y de los senadores. Para sacar adelante su agenda legislativa, el Presidente necesita los votos de algún partido opositor. En la medida en que el PRD, el PT y Convergencia, que integran el Frente Amplio Progresista (FAP), sigan desconociendo la legitimidad del Presidente, a éste sólo le queda negociar con el PRI para tener mayoría en el Legislativo. Gracias a la radicalización del FAP, el tricolor es el partido con más poder en el Congreso. Una vez más, Calderón no tiene la culpa de esta circunstancia.

El tercer factor de la debilidad gubernamental es la existencia de una oposición semileal, muy vocal y escandalosa, que tiene permanentemente amenazado al Presidente de incendiar al país. Desde que perdió, López Obrador prometió que haría hasta lo imposible por impedir que el gobierno calderonista tuviera éxito. Desde el 3 de julio de 2006, le ha hecho la vida de cuadros al Presidente. Esto, sin duda, dificulta la acción gubernamental. Como en los dos casos anteriores, Calderón tampoco tiene la culpa de este factor.

Ahora bien, hay un cuarto factor que explica la debilidad gubernamental en donde el Presidente sí es culpable. Se trata de la obstinación de Calderón de gobernar con un círculo muy cerrado de amigos que le son ciento por ciento leales. El Presidente ha preferido la lealtad a la capacidad en su equipo de trabajo. Muchos de los funcionarios, aunque calderonistas de hueso colorado, han demostrado deficiencias a la hora de operar. Esto, sin duda, ha debilitado aún más al gobierno.

La aprobación de la reforma de Pemex en el Senado la semana pasada evidenció de cuerpo entero la debilidad del gobierno calderonista: un Presidente sin muchas facultades constitucionales, sin mayoría en el Congreso, amenazado por una oposición muy vocal y carente de operadores de peso.

Y lo que viene…

Una vez que se apruebe la reforma de Pemex y el Presupuesto de Egresos de la Federación en la Cámara de Diputados, lo cual será complicado, la cooperación legislativa de las distintas fuerzas políticas terminará por una razón sencilla: los partidos van a comenzar a competir rumbo a las elecciones de 2009. Y estos comicios no se ven nada halagüeños para el partido del Presidente. En la más reciente encuesta de Consulta-Mitofsky de septiembre, si se descuenta a los indecisos, las intenciones de voto para la elección de diputados federales quedan en 46% para el PRI, 35% para el PAN y 15% para el PRD. Esto a nueve meses de la elección sin campañas ni candidatos. Pero la realidad es que, hoy, el PRI se ve muy fuerte para el próximo proceso electoral y, si se toma en cuenta la crisis económica que viene, pues las perspectivas para el PAN no son nada buenas.

De hecho, con estos números de la encuesta se hacen posibles dos escenarios que serían terribles para el Presidente. Primero: que el PAN pierda más de 50 diputados. ¿Por qué 50? Pues porque son el número de legisladores que el PAN perdió en la elección intermedia de 2003. Si el PAN disminuye más, se dirá que Calderón perdió más diputados que Fox, lo cual será un mensaje de debilidad gubernamental. Pero este no es el peor escenario para el PAN ya que, con 46% de votos, por el sistema electoral mixto que tenemos, el PRI podría ganar la mayoría en la Cámara de Diputados. Esto mandaría un mensaje todavía más contundente de debilidad gubernamental.

Si el PRI es hoy el partido más poderoso en el Congreso, pues imaginemos cómo quedará en caso de ser el gran vencedor en la elección de 2009. Y a todo esto hay que sumar que López Obrador seguirá dándole lata al gobierno y que, a partir de la elección intermedia, comienza el proceso de sucesión presidencial donde los presidentes inevitablemente van perdiendo poder incluso dentro de su partido. Recuérdese, tan sólo, cómo el propio Calderón se enfrentó con Fox por el tema de la sucesión presidencial.

En suma: si hoy tenemos un gobierno débil, hacia el futuro, para la segunda mitad del sexenio, se vislumbra un gobierno más endeble.

¿Qué puede hacer el gobierno?

El único factor que puede controlar directamente el Presidente para fortalecer su gobierno es reforzar su equipo de trabajo. Calderón tiene que atraer al Ejecutivo a los funcionarios más capacitados del país. La designación de Jorge Tello Peón como asesor de seguridad nacional es un buen signo en esta dirección. Sin embargo, si el Presidente continúa reforzando su equipo de trabajo, no va a ser fácil atraer al Ejecutivo a profesionales de la talla de Tello Peón ya que muchos no van a arriesgar sus carreras con un Presidente que va de salida.

En cualquier caso, para los mexicanos son una mala noticia las perspectivas de un gobierno débil tomando en cuenta el huracán económico que viene y la terrible guerra que está enfrentando el Estado contra el crimen organizado.

ESCENARIOS DE LA CRISIS FINANCIERA

REVISTA PODER Y NEGOCIOS
martes 26 de febrero de 2008

¿Recesión? – Lo malo y lo peor

La desaceleración, que podría ser recesión en Estados Unidos, ha hecho que México ajuste a la baja su crecimiento, pero ¿qué tan profunda es esta crisis y cuánto durará? PODER, con ayuda de expertos, delinea dos posibles escenarios.

Por Maurizio Guerrero y Jorge Villalobos

Parecería que todo se ha dicho sobre la desaceleración en Estados Unidos y su impacto sobre la economía mexicana. No obstante, pocas voces concuerdan en realidad en lo que está sucediendo y, más aún, en lo que sucederá durante el transcurso del año. Las visiones van de lo tranquilizador, cuando se trata de declaraciones hechas por funcionarios del gobierno federal, a lo francamente catastrofista. Y en lo poco –o lo único– en lo que todas las opiniones se ponen de acuerdo es en que 2008 será un mal año para México, al menos si se toman en cuenta las proyecciones que había para la economía del país el año pasado. Ahora, el crecimiento estimado para este año va de 1.5 a poco más de tres por ciento, cuando hace unas cuantas semanas se ubicaba en alrededor de 3.7 por ciento. Lo preocupante, parece, es que en ese lapso tan breve nuestras expectativas de crecimiento se hayan desplomado un punto porcentual. Así, surge la pregunta: ¿volverá a ajustarse a la baja el crecimiento nacional en la siguientes semanas? Y sí es así, ¿cuánto? Y, ¿hasta cuándo? La respuesta, claro, nadie la sabe. Al menos, ninguno la conoce con certeza. Ya no está en discusión si Estados Unidos entrará en una fase de escasa expansión. La amplitud de la crisis –desde la deflación en el precio de las casas hasta un desempleo creciente– quedó clara a fines de enero, cuando el gobierno de ese país fijó preliminarmente el crecimiento del PIB en el último trimestre de 2007 en un magro 0.6 por ciento. Lo que se discute es si nuestro vecino del Norte entrará en recesión, es decir, si registrará dos trimestres consecutivos con crecimiento negativo (que es como se define el tema técnicamente). Ahí es donde se entra en el terreno de la especulación. Y las elucubraciones dependen, en buena medida, del resultado de las medidas anticíclicas adoptadas por la Reserva Federal –que la última vez bajó en un punto las tasas de interés– y por el Congreso, que aprobó apoyos fiscales a un amplio grupo de consumidores por un valor cercano a los 150,000 millones de dólares. Por ahora, sólo hay malas noticias, aunque todavía es muy pronto para saber los resultados de las medidas –los cheques del fisco empezarán a llegar en mayo–. En noviembre, el pronóstico de la Fed apuntaba a un crecimiento de entre 1.8 y 2.5 por ciento del PIB en 2008, pero a mediados de febrero las proyecciones rondaban una expansión de apenas 1.5 por ciento, según el Fondo Monetario Internacional.

También en México podrían adoptarse medidas para disminuir los efectos del bajo crecimiento de nuestro vecino del Norte. Y, de modo tímido, se han tomado. El presidente Felipe Calderón anunció un Fondo de Infraestructura que, aunque era un proyecto ajeno a la desaceleración de Estados Unidos, pretende ser un detonante para la economía. Y el Banco de México podría también ajustar sus tasas de interés a la baja para estimular la liquidez en el país. Por ahora, el gran respaldo para el país son los hidrocarburos. Otra vez, nuestra petrolizada economía: los precios siguen altos y existe una notable reserva de dinero generada por la venta del principal producto de exportación. El valor del combustible, a niveles máximos durante las últimas semanas, ha apuntalado la seguridad económica nacional. Sin embargo, este gran soporte se mantiene en continuo movimiento. Así, fluctuaciones a la baja de los precios del crudo o menores ventas petroleras de nuestro país, pondrían en riesgo la solidez financiera mexicana. De hecho, ya durante 2007 las exportaciones de crudo de México a Estados Unidos descendieron 10.5 por ciento, debido al agotamiento de las reservas nacionales. Por lo pronto, el debilitado crecimiento que registrará la economía nacional traerá como consecuencia la generación de menos empleos que los esperados antes del fin de 2007. Incluso los cálculos del gobierno ya fueron ajustados, y de 800,000 puestos anuales a crearse, ahora se calcula que sólo serán generadas 600,000 nuevas plazas. Eso, tomando en cuenta sólo el territorio nacional. No obstante, los trabajadores mexicanos también sufrirán del otro lado de la frontera. Y otro de las grandes entradas de la economía nacional –luego del petróleo–, las remesas enviadas por los paisanos trabajadores allende la frontera, probablemente registrarán un retroceso. Se espera que los sectores más afectados sean aquellos ligados a la economía de estadounidense, es decir, a la industria exportadora, que vende 85 por ciento de sus bienes y mercancías de esa nación. Tales empresas harían bien en tomar providencias. Y no se trata sólo de la maquila, sino de grandes productores agroindustriales. Además, el gobierno tendrá menos dinero para gastar. De acuerdo con cálculos de la Secretaría de Hacienda a principios de febrero, se estima que las arcas gubernamentales dejarán de recibir alrededor de 10,000 millones de pesos en recaudación de impuestos, tanto sobre la renta como el consumo.

No obstante, aún no hay señales para que el mexicano asalariado y con un empleo estable caiga en pánico. Parafraseando a los funcionarios del gobierno, los fundamentos de la economía son lo suficientemente sólidos para evitar que el país, según los datos asequibles hasta ahora, caiga en una crisis. Es decir, las tasas de interés, el tipo de cambio y el comportamiento de la Bolsa Mexicana de Valores se mantendrán más o menos estables, sin ninguna fluctuación alarmante. Pero, ¿qué tan mal estamos? Para algunos expertos, la crisis en Estados Unidos terminará en la primera mitad de este año. Para otros, esta depresión es más aguda que la de 2001, se convertirá en recesión y se prolongará hasta mediados de 2009. Bajo tales premisas y con el objeto de aclarar lo que podría suceder en los siguientes meses, PODER consultó con especialistas en varias ramas de la economía. Se lograron delinear al menos dos escenarios. El malo (o al menos no tanto), que es en el que ya estamos viviendo, sin que se profundice la desaceleración estadounidense, y el peor, que se dará si los indicadores empeoran y México se ve sumergido en un estancamiento similar al originado en el año 2001.

LO MALO (TODO BAJO CONTROL)

Se habla de una recesión, que al menos técnicamente se encuentra aún lejos. Es decir, que la economía de Estados Unidos tenga un crecimiento negativo por dos trimestres seguidos, cosa que no ha sucedido. La última noticia que se tuvo fue un crecimiento trimestral de 0.6 por ciento, un signo, eso sí, de franca debilidad. No obstante, la economía de México no tiene que seguir los índices de caída de la estadounidense, pues la relación no es directa, como podría parecer, de acuerdo con Eduardo Loria, investigador de la Facultad de Economía de la UNAM: “Hay indicadores preocupantes, pero no alarmantes. No estamos en una situación complicada ni caótica”. Las condiciones de la crisis de 2001, cuando la economía nacional creció 0.2 por ciento, eran muy diferentes a las actuales. Hoy, las finanzas públicas están sanas, hay un déficit de cuenta corriente controlado, un tipo de cambio equilibrado con un peso apreciándose, tasas de interés más bajas, mercados financieros más desarrollados, buena calidad crediticia y una inflación estable. De hecho, el crecimiento de precios en enero resultó ser menor a lo estimado. “México ahora está en mejor posición para absorber el impacto de una recesión estadounidense”, opina Joy- deep Mukherji, director de calificación soberana de la agencia calificadora Standard and Poor’s. “Al contrario de otras veces, ahora el gobierno puede gastar dinero para infraestructura dentro de su presupuesto”, señala. Además, la reforma fiscal aprobada el año pasado puede dejar al país en mejor posición para enfrentar una recesión. México “tomó la medicina antes de [contraer] la enfermedad –dice Mukherji–. En el mercado tenemos menos preocupaciones sobre México para 2008 y 2009 a pesar de la desaceleración afuera, porque si hay una caída en recursos petroleros habrá una compensación por las reformas fiscal y del ISSSTE”. Juegan también un papel importante los ingresos petroleros. “Si la economía crece menos, habría menos ingresos fiscales, entonces habría que endeudarse para detonar el gasto público. La buena noticia es que ahora tenemos el colchón petrolero”, explica Alejandro Villagómez, investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) y del ITESM. De hecho, los commodities –mercancías genéricas– verán un buen año en general. Un ejemplo: la Cámara Minera de México estimó que su producción ascendería a 11,000 millones de dólares, 20 por ciento por encima de lo generado en 2007. Bajo tales circunstancias, advierte Gustavo Hernández, analista de IXE Casa de Bolsa, la situación no es para alarmarse. Y recomienda conservar los mismos hábitos de consumo que se tuvieron el año anterior. Incluso puede que la economía nacional apenas resienta la turbulencia en Estados Unidos. Moody’s Economy.com, la unidad de análisis económico de la calificadora homónima, opina que el uso contracíclico de los instrumentos de política económica podrían hacer que la economía mexicana alcanzara un crecimiento en el rango de tres a 3.5 por ciento en 2008, muy por arriba del consenso. El elemento clave del blindaje radica en el consumo y la inversión internas, que permitan compensar una caída en las exportaciones, dice en un reporte Alfredo Coutiño, economista para América Latina de Moody’s Economy.com. Para el especialista esto se lograría con una más agresiva inversión en infraestructura y con una relajación de la política monetaria.

Ahora la tasa de fondeo fijada por el Banco de México (Banxico) se encuentra en 7.50 por ciento, que se consideraba inamovible a fines de 2007. Pero el crecimiento de precios en el primer mes del año –0.46 por ciento la inflación general y 0.40 por ciento la subyacente, resultó ser menor a lo calculado por el consenso del mercado. Por ello Coutiño, de Moody’s, piensa que la política monetaria podría empezar a relajarse pronto para llevar a la tasa de fondeo bancario hacia su nivel neutral, de 6.50 por ciento, para mediados del año. Sin embargo, en este punto los expertos desacuerdan. Algunos dudan de hecho si Banxico actuará y para otros sólo es cuestión de cuándo lo hará, si de un momento a otro o en el verano. De hacerse, este relajamiento monetario generaría al menos tres factores positivos para el fortalecimiento de la absorción interna, dice Moody’s Economy.com. En primer lugar, disminuiría los costos financieros para consumidores e inversionistas, luego aumentaría la disponibilidad de crédito en la economía. Y finalmente, menores tasas de interés generarían una saludable depreciación cambiaria que no sólo ayudaría a la competitividad exportadora, sino que funcionaría como restricción sobre las importaciones. Esto último evitaría que el fortalecimiento de la demanda interna se tradujera en un desequilibrio comercial, que al final de cuentas atentara contra el crecimiento económico. Para Loria, de la UNAM, Banxico incluso debería de reducir en dos puntos la tasa de interés, con el objeto de no perder competitividad. Eso lograría la devaluación de la moneda, quizá para dejarla en 12 pesos por dólar, lo que “produciría un efecto contracíclico”, explica Loria. No obstante, quizá no sea necesario recurrir a medidas tan extremas. Para algunos, la crisis en Estados Unidos terminará antes de finalizar este año. Para IXE, la crisis hipotecaria en el vecino del Norte podría ceder para la segunda mitad del año. En cambio, David Wyss, economista en jefe de S&P estima que la crisis durará los primeros nueve meses de 2008, pero que para el cuarto trimestre habrá signos de recuperación. En tales márgenes se mueven los escenarios optimistas de la actual desaceleración de la economía nacional.

LO PEOR (CRISIS PROFUNDA)

Para Estados Unidos lo más complicado está por venir, señalan algunos expertos. Según Merrill Lynch, los indicadores del índice compuesto no-manufacturero, que ofrece un panorama de nuevas órdenes de compra, generación de empleo y entrega a proveedores, sugieren que la economía de Estados Unidos ha entrado ya en recesión. Y considera la casa de análisis que esta crisis será peor que la de 2001. Por el momento, sólo tres industrias estadounidenses registran crecimientos, lo que se suma a la lista de indicadores que han ido a la baja, como la confianza de los consumidores y el índice industrial. Y el Fondo Monetario Internacional ha señalado que las medidas tomadas en Estados Unidos son insuficientes para hacer frente a una crisis. Para México, el mayor impacto de la actual desaceleración estadounidense lo sufriría la industria manufacturera, que pesa alrededor de siete por ciento del PIB. Del total de nuestras exportaciones, alrededor de 80 por ciento provienen de este sector; y de este porcentaje, 90 por ciento se dirige a Estados Unidos. Y esa liga entre los dos países, lanzaría a México hacia una desaceleración incluso más prolongada que la de los estadounidenses, de acuerdo con Gerardo Esquivel, investigador de El Colegio de México (Colmex). Proyecta el académico que tal como sucedió en 2001, Estados Unidos tardará entre año y año y medio para salir de la desaceleración, y México tardará más, hasta el 2010, cuando se puedan recuperar los niveles de empleo perdidos. Aunque Esquivel no descarta un cambio en la política monetaria, asegura que es probable que Banxico cumpla su mandato de mantener al margen la inflación, en especial si se toma en cuenta que no ha logrado sus objetivos inflacionarios en los últimos años y que existen presiones reales en torno a la economía nacional. Para empezar, los precios de los granos básicos se han incrementado en el mercado internacional, lo que afecta directamente a un importador como México. Y el impuesto del IETU definitivamente presionará al alza la inflación. Además, Banxico ha señalado su temor inflacionario por la revisión de los aumentos en el transporte público y por la reanudación de los incrementos en la gasolina, la electricidad y el gas licuado.

Adicionalmente, la otra medida contracíclica adoptada por el gobierno mexicano, tampoco parece suficiente para convertirse en un impulsor económico. Para Esquivel, gran parte de los 40,000 millones de pesos dedicados al rubro no son recursos frescos, pues ya estaban programados. Y mientras el impulso que el gobierno ofrece para paliar la crisis en México es de 0.3 por ciento del PIB, en Estados Unidos es de uno por ciento. Así, el país tiene pocas medidas para hacer frente a una crisis, opina. Con una economía desacelerada, también disminuirá el consumo. Hasta ahora, el mayor efecto de la desaceleración previsiblemente se concentrará en los estados manufactureros de la frontera Norte. No obstante, el impacto también será considerable para estados con muchos emigrantes, que enviarán menos remesas de Estados Unidos. Ya el año pasado, el incremento de estos recursos para el país –primera fuente de ingresos nacionales, descontando el petróleo– fue mínimo. Ello puede atribuirse, al menos en parte, a la crisis del sector vivienda en la Unión Americana, en el que laboran muchos emigrantes mexicanos, y que ha sufrido reducciones en la expedición de permisos de construcción calculadas entre 25 a 30 por ciento. En general, el desempleo en Estados Unidos ha aumentado en los últimos seis meses, de 3.5 a 3.9 por ciento, lo que supone millones de personas sin trabajo, muchas de las cuales son mexicanas. Y en un clima así, naturalmente, ese país refuerza sus políticas antinmigrantes. En consecuencia, Michoacán, Guerrero, Guanajuato, Oaxaca, Hidalgo y Zacatecas verán mermados sus ingresos netos. Para tales entidades, las remesas son la principal fuente de recursos y en algunos casos equivalen a más del doble de lo recibido por parte de la federación.

El problema se agudiza con un desempleo que no será paliado en la misma medida que tuvo con la expatriación. “La migración ya no podrá ser la misma válvula de escape que fue en las crisis anteriores”, opina Alejandro Villagómez, investigador del CIDE y del ITESM. Y en un ahondamiento de la crisis, que lleve a cinco por ciento de desempleo en Estados Unidos, las ventas petroleras de México a ese país disminuirán, por lo que el colchón petrolero se adelgazaría. Las malas noticias por ahora comienzan a expandirse hacia sectores tan diversas como el automotriz y el financiero. Analistas de BBVA consideran que la producción automotriz nacional disminuirá 42 por ciento sus exportaciones. Y de acuerdo con el Comité de Crédito Hipotecario de la Asociación de Bancos de México, la incertidumbre financiera puede hacer que los bancos aumenten las tasas en hipotecas entre 20 y 40 puntos base. En un escenario complicado, la desaceleración de la economía nacional podría durar un par de años. Así, de acuerdo con Esquivel, del Colmex, el crecimiento en 2009 no será mayor a 2.5 por ciento y el de 2008 podría llegar a 1.5 por ciento. Bajo esa proyección, al igual que Vicente Fox con la crisis del 2001, Calderón enfrentaría un inicio de gobierno con variables complicadas, desacelerado. Una incertidumbre que viene del exterior y que en buena medida es inevitable. Otra crisis, sin embargo, que sigue acosando los inicios de sexenio en México

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